Desde 1960, cuando fue aprobado por el gobierno del presidente Dwight Eisenhower para presionar a la joven Revolución cubana que había nacionalizado las empresas estadounidenses, el bloqueo “es un elemento que está presente en todas las esferas de la vida del cubano. Entre otras cosas, hace imposible la compra de piezas de repuesto para el transporte. También para el equipamiento médico, para hospitales, materiales escolares, algún tipo de medicinas para pacientes con enfermedades complejas. Eso nos obliga a adquirirlos en terceros países y a triangular operaciones financieras. Con el consiguiente encarecimiento, y a veces pagar precios por encima de los que hubiéramos podido conseguir en otros mercados”.
Una de las consecuencias del bloqueo es que ha generado “un gran pánico entre las entidades financieras que mantienen operaciones con Cuba. Teniendo en cuenta que cualquiera que comercie con nuestro país puede ser de alguna manera sometido a una multa o represalias. Hay un caso típico de este tipo de sanciones y fue a un banco francés en 2014. Se le multó por haberle hecho una transferencia a Cuba. La multa sobrepasaba los 1.000 millones de dólares. En marzo de 2016 el Departamento de Estado emitió una regulación por la cual se autorizaba a Cuba a realizar comercio internacional en dólares. Y, aunque de alguna manera la ley habilita que se pueda hacer, ningún banco lo ha hecho. Ha habido en este período cancelaciones de pago, retenciones de fondos”.
“Es un tema que impacta en la vida diaria del cubano y que tiene repercusiones en todos los ámbitos”, subrayó Roblejo.
Fue en octubre de 1960 cuando, en respuesta a la nacionalización de empresas estadounidenses por parte del gobierno revolucionario conducido por Fidel Castro, que el gobierno del presidente republicano Dwight Eisenhower estableció un bloqueo parcial a Cuba. En febrero y marzo de 1962, el gobierno del demócrata John F. Kennedy amplió y reforzó el bloqueo que se mantiene hasta nuestros días.