“Yo nací en el 92… En perspectiva, mirando, me impacta mucho cómo este acontecimiento quedó… si le preguntás a generaciones más jóvenes, muchos capaz que ni siquiera sepan o saben medio de oídas”.
Ahí radica uno de los núcleos filosóficos de la obra: ¿Qué sucede cuando un hecho traumático se vuelve borroso? ¿Qué implica que la memoria colectiva pierda intensidad?
Verano en la Zavala_ Filtro
Una historia entre Uruguay y el País Vasco
Filtro no se limita a reconstruir lo ocurrido en Montevideo. La mirada de Goiricelaya teje vínculos entre Uruguay y el País Vasco, conectando los procesos políticos de ambos territorios.
La obra pone en diálogo el contexto vasco —marcado por décadas de conflicto, identidad y disputa política— con el Uruguay posdictadura, donde la noción de asilo político y solidaridad internacional aún estaba muy viva.
En escena aparecen documentos, interpelaciones parlamentarias y testimonios directos.
Parard interpreta a la diputada Carmen Beramendi en el momento de la interpelación al ministro del Interior, una escena que, según cuenta, tiene una fuerza particular.
“Yo lo que necesitaba defender era que eso no era necesario hacerlo así… había una jugada política, había un movimiento que estaba pasando y era inadmisible pensar que se accionara de esa manera o que lo naturalizáramos como sociedad”.
La palabra clave es naturalización. La obra cuestiona la facilidad con que la violencia estatal puede volverse paisaje.
“Fue un delito aberrante cometido por el Estado. El asesinato de una persona en democracia. Sin juicios. Fue una persecución policíaca. Todo estuvo mal”.
No se trata de una reconstrucción fría: el dispositivo escénico levanta un pulso que, según la actriz, devuelve la sensación de urgencia de aquellos días.
“Es una obra que se construye desde lo documental… se toma el archivo para construir, pero después es una dramatización del archivo. Y la estamos viviendo. No es solo hablar de eso, es estar viviéndolo”.
Impunidad y fragilidad democrática
Uno de los ejes más contundentes del espectáculo es la impunidad. No solo la judicial, sino la social.
“¿Cuál es la actitud interna que se toma frente a la impunidad?… ¿Hasta dónde tenemos garantizado el concepto este de la plena democracia del Uruguay cuando es tan frágil lo que puede llegar a pasar dependiendo de hechos y de un momento a otro?”
La pregunta no apunta únicamente al pasado. La obra dialoga con el presente, con las formas contemporáneas de represión y con la polarización política que atraviesa distintas sociedades.
“Cómo cada persona ve lo que de alguna manera quiere ver… según cómo haya sido criado, cómo decodifica la realidad”.
En ese sentido, Filtro no ofrece respuestas cerradas. Propone incomodidad.
“Es bueno que traigan ambas historias para la reflexión. Que no sea un verano liviano”.
El teatro como espacio vivo
Más allá del contenido político, Parard insiste en el valor del teatro como espacio de encuentro en tiempos de virtualidad y fragmentación.
“Lo importante del teatro tiene que ver con el espacio todavía vivo de encuentro… no es solo que estamos mirando lo que pasó en Filtro, sino que voy con otra gente, siento, intercambio después a la salida”.
La experiencia no termina cuando baja el telón.
“La generación de un espacio de convivencia con otra persona que te permite tener algo en lo que seguir pensando después… Es la construcción colectiva”.
En esa dimensión colectiva también entra la defensa del teatro público y su accesibilidad:
“Que todavía en Uruguay las entradas sean, dentro de todo, accesibles… los teatros públicos son muy importantes en cómo diseñan sus temporadas y le dan entidad a sus actividades”.
Pensarnos, incomodarnos, crecer
En un momento de la conversación, la actriz sintetiza la dimensión más filosófica de la obra:
“No hay posibilidad de crecimiento si vengo acá a ser yo mismo solamente… La subjetividad tenida como algo fijo es una bobada. Uno no es la misma persona a lo largo de toda la vida”.
Filtro interpela desde ahí: desde la necesidad de revisar certezas, asumir contradicciones y discutir el lugar que cada uno ocupa frente a la violencia y la memoria.
Entre Montevideo y Euskadi, entre archivo y escena, entre pasado y presente, la obra vuelve a abrir una herida que muchos creían cerrada. Y lo hace desde el teatro, ese espacio donde —todavía— es posible sentarse juntos en la oscuridad y preguntarse qué hacemos con lo que pasó.
Entradas para ver la obra en este link.