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"La casa grande", la serie web uruguaya premiada en Alemania con más de 14 mil vistas

Paula Botana y Graciela Ingold, directora y actriz de La casa grande, cuentan sobre la experiencia en el proceso de producción y filmación de la serie.

Pau Botana y Grace Ingold son la directora y la actriz protagonista de La casa grande, la serie web uruguaya que se ve por los canales de la UN3TV. Nació de las ganas de hacer cine con amigos, se hizo con muy poco presupuesto, en locaciones prestadas y con un rodaje compartido con niños en una colonia de vacaciones.

Grabaron el piloto en 2022, recibió una mención en el Festival de Cine Nuevo Detour, y al año siguiente aplicaron y ganaron el fondo Montevideo Filma, lo que les permitió filmar el resto de la serie en 2024. Se estrenó el 5 de junio y en poco tiempo el primer capítulo superó las 14.000 visualizaciones. Unos días después se enteraron de que ganaron el premio a Mejor Idea en el festival alemán Die Seriales.

Cuenta el cuento de Irina, una uruguaya que está atravesando algo así como la crisis de los 30, sigue viviendo con sus padres y ellos le dicen que ya es momento de irse de la casa. Entre la inestabilidad laboral y la dificultad de conectar con los amigos de toda la vida, no tiene a dónde ir. Y entonces hereda una casa, la casa grande, se va a vivir y quiere transformarla en hostel, recibir inquilinos para pagar las cuentas y tener ingresos para sobrevivir. Así va conociendo nuevos personajes que le ponen en problemas sus prejuicios, y se reencuentra con su hermana, con quien tiene una forma de vida muy distinta. Con humor inteligente, actuaciones sensibles y una gran banda de sonido, la serie va haciendo casi sin querer el retrato de una generación. Según la directora, “Es un retrato de los millennials, que quedaron entre medio del mundo lento de sus padres y el mundo hiperconectado del presente”.

La serie es un retrato de la errancia, y también de la vulnerabilidad. De lo difícil que es estar juntos y encontrarse entre mandatos sociales que ya se saben caducos, presiones económicas que hacen tan difícil sustentar la existencia, y el exceso de información que hace que las personas se sientan entre sí más distintas de lo que son y más lejos de lo que están. Con mucha dulzura, pero también una visión crítica y ácida que no le escapa a la sátira social, los 7 capítulos de la serie construyen un relato agridulce que da testimonio de la vida en Uruguay y te permite encariñarte mucho con los personajes.

Compartimos en esta nota algunos extractos de la entrevista en Atardecer naranja e invitamos a todos los lectores a ver la conversación completa en el canal de YouTube de Caras y Caretas TV. Todos los jueves a las 19, nuevas conversaciones con artistas y personas vinculadas a la cultura.

De la idea al rodaje: una serie nacida entre amigos

¿Cuál es la diferencia para ustedes entre el arte y la creación de contenidos?

Paula Botana (P.B.): Preguntarse eso es meterse en la pregunta de qué es el arte, y es difícil entrar ahí porque quiénes somos nosotros para decir qué es arte y qué no. Me parece, según lo que entiendo, que en la creación de contenidos hay un objetivo más inmediato, de entretener o informar, lo que sea, pero cortito y ya.

Graciela Ingold (G.I.): Como que todo arranca siendo un contenido, hasta que algunos factores hacen que después algo se considere arte o no. Para mí la cuestión del tiempo y la vigencia hace que un contenido devenga en algo artístico, más allá del punto de partida y de la finalidad en sí.

El arte no tendría por qué tener una finalidad. Pero un contenido está creado con un objetivo más específico desde el inicio, me parece.

¿Cómo es el surgimiento del proyecto y cómo se fue desarrollando el proceso hasta armar el equipo?, ¿cuáles fueron los desafíos de vincular los mundos del teatro y el cine, en los que hay mucha diferencia en la manera de producir?

P.B.: Somos actrices, sí. Estudiamos en el Instituto de Actuación de Montevideo. Y a su vez estudié comunicación audiovisual, la parte de cine. Teníamos una materia que se llamaba “Guion para serie”, y teníamos que escribir un piloto. Esto fue en 2019, antes de la pandemia. Quedó ese piloto escrito, y esa idea, que se llamaba “Piso 9”, no “La casa grande”. Después de la pandemia, como dos años después, queríamos hacer algo con mis compañeros de audiovisual. Estábamos en el recibimiento de una amiga tomando fernet y estábamos con esa impronta, con esas ganas de crear. Dijimos, “’Ta, tenemos este piloto. Vamos a hacerlo”. Entonces, ahí cada uno se puso en un rol, más o menos en el que le correspondía. Yo ya estaba desde la escritura y la dirección, otra compañera se puso como directora de arte, otra compa que anda volando se fue a foto y así se fue armando el equipo. Y para los actores pensé en amigos de mi generación de la IAM, que siempre hicimos pila de cosas juntos. Fue escrita para ellos.

La serie junta dos generaciones de cine y de teatro. Y podría haber sido un experimento que no saliera tan bien, pero salió bien. Salió muy bien.

G.I.: Se generó algo lindo que tuvo que ver con conocer también al equipo técnico. Siempre se marca esa línea, sobre todo en el audiovisual, como el equipo artístico por un lado y el equipo técnico por el otro. Y acá éramos todos nosotros, los amigos de Pau. Estuvo bueno ese reconocimiento que se dio. Y supongo que para ellos también fue medio así con los actores, ¿no?

P.B.: Sí. Hay como un bloqueo del audiovisual de los directores que no vienen desde el teatro, por lo general, porque la mayoría vienen más del lado de la foto. Y todos son unos genios con lo técnico, pero ven un actor y se bloquean, como yo me bloqueaba con una cámara al principio. Eso fue lo lindo del cruce.

G.I.: El hecho de que Pau sea actriz y sea la directora, para mí como actriz estuvo buenísimo, porque hay una diferencia grande en la formación. Que ahí no sé si va con los intereses personales de cada director o en general, pero en realidad siempre estás contando una historia. Y a veces se desdibuja eso porque el medio para llegar a contar la historia en cine tiene un montón de maquinaria, una cámara, focos, arte, despliegue, locación, y en el teatro es como si siempre fuera la tela negra y los dos banquitos. Siento que acá pasó eso, porque primero estaba la historia, estaba la gente, y después entraron en juego las demás cosas vinculadas a lo técnico.

P.B.: A mí me han dicho, para bien y para mal, porque hay gente que me lo ha criticado también, que la serie es como teatro filmado. He tenido que aprender pila de eso en la escuela de cine. Por mí, todas mis cosas era poner la cámara acá y que actúen. Pero también fuimos creciendo en ese sentido. Desde el piloto a los otros capítulos siento que hay un salto en eso que me fueron diciendo.

Embed - LA CASA GRANDE | CAP 3: MÁS VALE PÁJARO EN MANO QUE CIEN VOLANDO

Entre la filmación del piloto y los otros capítulos pasaron 2 años. ¿Cómo fue retomar este cuento ese tiempo después?, ¿qué capas nuevas de la historia y del personaje aparecieron con el paso del tiempo?

G.I.: Para mí ese tiempo jugó a favor. A nivel de interpretación, siento que hubo crecimiento. Me hizo ver un montón de cosas del piloto en las que podía mejorar. En la foto a Montse le debe haber hecho diferencia también, creo que a cada uno. Crecimos como personas y también como artistas, si se quiere, como profesionales. Hubo cosas que con el tiempo pude decir “ah, esto es lo que me quería decir Pau”. La forma de la interpretación agarró sustancia, un poco más de sabor.

P.B.: Yo no la volví a ver desde que se estrenó, porque sigo viendo los errores y las cosas técnicas y artísticas que podríamos mejorar. Y también mías, obviamente, del guion y la dirección. Pero creo que también es una serie con ese espíritu de “hagamos a pesar del error y que se vea, pero hagamos”.

Irina, los 30 y la casa heredada: una historia generacional

Pau, en otra entrevista dijiste que Irina no sos vos, pero tiene mucho de vos. ¿Cuál sentís que es tu vínculo con la historia y cómo viviste la escritura del guion en ese sentido?, y Grace, ¿qué podés contarnos sobre la composición del personaje de Irina y cuánto tuviste a Pau como referencia?

G.I.: Sí, lo terrible es que Pau tiene como referencia a sus amigos para componer los personajes y a sí misma. Entonces, es como ¿quién es quién? Y somos nosotros robándole a Pau y Pau robándonos a nosotros. Armando un híbrido que terminan siendo los personajes.

Para mí hay pila de cosas de Pau en Irina. Y pila de cosas de Pau en mí por ser amigas. Y pila de cosas mías en Irina por ser yo la que la interpreta. Entonces, ahí hay como un marciano que es una mezcla también entre amistad y que venimos trabajando juntas hace un montón de tiempo.

Hay un lenguaje que es como hermanas. Algo del dejar hacer que tiene Pau o que al menos yo he vivido como actriz en sus proyectos. Que es como ser dejarte ser y después ella va retocando o exacerbando algunas cualidades. Está bueno eso.

P.B.: Tengo ubicado perfectamente el momento en el cual empecé a escribir esto, era previo a la pandemia y un momento de la vida particular. Eso es tal cual. Hay una parte del guión en el que la madre le dice a Irina “vos no das pie con bola”. Hay un momento de mi vida en que yo evidentemente sentía que no daba pie con bola. Y parte de ese momento, de lo absurdo que me parecían algunas situaciones que vivía con mi familia, que después en la serie están exacerbadas. Cosas del vínculo con la madre, por ejemplo.

G.I.: Hay algo mágico también en que muchas personas nos dijeron que sienten que esos de la serie podrían ser sus padres, o que Irina podrían ser ellos.

P.B: Creo que por eso le gusta tanto a la gente que le gusta.

La serie genera identificación en general, porque hay estereotipos que están representados y que de alguna forma todos representamos.

Nestor Guzzini, Graciela Ingold y María Elena Pérez en la serie La casa grande

Lo autogestivo como forma de estar juntos

¿Cuáles fueron los desafíos en el proceso de producción autogestivo?

P.B.: Nosotros al piloto lo filmamos con cero pesos. Nos prestaron los equipos desde la ORT, que es donde estudiamos, que sin eso no lo podríamos haber filmado directamente, porque es muy costoso. Las locaciones fueron todas en las casas de amigos. Cocinábamos la comida para el catering. Filmábamos los domingos de junio, entonces teníamos toda la semana para preparar las escenas. Y después ganamos el Montevideo Filma, un año y medio después. Que a su vez fue el único fondo para series que se presentó ese año, o sea que era como que o ganábamos eso o se complicaba mucho. Y por suerte lo ganamos. Pero de todas formas fue un fondo muy chico. Es un fondo que te dan en realidad como para la postproducción de la serie. O sea, una vez que tenés todo, para hacer el color, por ejemplo. Y con eso hicimos la serie. Todos cobramos casi un simbólico por el trabajo de un mes. Y también somos privilegiados de poder hacerlo. Todos pudimos dejar nuestras otras cosas un rato del verano y lo hicimos por amor a los amigos y porque pasábamos bien.

G.I.: Sí, siento que, no sé si es por ser gente de teatro, que tenemos como ese músculo entrenado diferente en relación con la gente que está acostumbrada a hacer audiovisual, que vamos y vemos después si hay plata. Para mí hay algo en el disfrute del hacer.

Decir que sí a un proyecto de estos es porque te da bienestar y goce y aprendizaje. Le sacás el jugo que vos querés. Para mí eso hace que el ambiente laboral sea mejor porque estamos todos ahí porque queremos.

P.B.: Me pregunto si es posible trasladar ese sistema de trabajo a una producción que tenga un nivel de plata diferente. Es una pregunta que me hago a veces. Porque cuando hacíamos esto, éramos tan pocos, estábamos todos tan concentrados en que saliera bien, que creo que eso un poco se puede ver adelante de la pantalla, eso genuino de estar preocupados y presentes. Desde el asistente 4 hasta el director estábamos en todo, porque estábamos todos tirando para el mismo lado.

Paula Botana y Grance Ingold 2

En una escena, Irina está de niñera y le dice al niño “Nadie te dice que crecer es esto”. ¿Qué es crecer para ustedes?

G.I.: En este proceso, para mí, poder ver todo lo que hicimos y valorarlo como un trabajo del que estamos orgullosas. Lograr distanciar lo que una hizo en algún momento de lo que podría ser. Ahora sería muy distinto, pero entender eso que hicimos como una foto del momento, que deja patente lo que fuimos o lo que pudimos hacer. Para mí eso es como crecer, mirar para atrás y darte un abrazo.

P.B.: Para mí tiene que ver con lo que pasa con Irina en la serie. Crecer como el paso del tiempo con un núcleo que se tiene que conservar de alguna forma. Cambian las cosas alrededor pero hay algo de crecer que tiene que ver con entender la esencia.

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