Desafíos para el cuerpo y la imaginación
Para abrir la Gala se estrenará Sen Chopina, una creación de Marina Sánchez, quien fue bailarina del BNS y ya tiene varias obras estrenadas con este elenco. Esta coreografía, que está inspirada en un título histórico y de referencia en el repertorio del ballet, Las Sílfides o Chopiniana del ruso Michel Fokine, es la primera incursión de Sánchez en el lenguaje coreográfico abstracto y contará con la música adaptada e interpretada en vivo por el pianista Esteban Urtiaga.
“Marina junto con Esteban tenían una idea y venían poniéndole mucho pienso: transformar ese ballet tan conocido para el bailarín clásico, que es Las Sílfides, reversionarlo y pensar algo nuevo con esa música que tiene tanto romanticismo y tanta historia”, explicó Riccetto en la citada presentación de la Gala. Y agregó que para este estreno mundial es un valor agregado clave que toda la producción se realizara con técnicos y artistas de los Talleres del Auditorio del Sodre, que ya han sido elogiados por varias realizaciones de estos últimos años.
Para Sánchez, esta obra tiene un especial significado ya que fue el primer título que bailó con el BNS, y para ella es todo un desafío revisitarla y proponer un nuevo abordaje, que en este caso tiene a la música de Frederic Chopin como piedra de toque para movilizar una serie de imágenes que llevan a la protagonista a un estado onírico, un viaje personal, mágico, en el que convergen la danza clásica con los valses, mazurkas y nocturnos del compositor polaco.
El segundo título será una oportunidad única de apreciar a uno de los referentes contemporáneos de la danza, el israelí Ohad Naharin, a quien Riccetto considera como un coreógrafo revolucionario. Sus obras se cuentan entre los mayores desafíos para cualquier elenco, "y son pocas o muy bien elegidas las compañías que bailan su material", dijo la directora del BNS. Y un detalle no menor: en América del Sur, el BNS es la única compañía que tiene la licencia para poner en escena Minus 16.
La coreografía de esta obra mixtura la improvisación y el reconocido método Gaga de Naharin, que, según los especialistas, es un lenguaje único que rompe con los viejos hábitos y moviliza a los bailarines a buscarse a sí mismos de formas nuevas y diferentes.
En las notas del programa se destaca: "Minus 16 no solo se deleita en su propia excentricidad, sino que también celebra el gozo de bailar. La pieza tiene elementos de impredicibilidad y diversión que hacen de cada actuación de Minus 16 una experiencia deliciosamente diferente".