La Caza de Brujas, como fenómeno político y social, surge en el marco general de la magia medieval. Esta premisa, es sustentada por Kieckhefer (1992) quien nos recuerda la necesidad de situar a los magos, y a las brujas, como miembros de grupos sociales donde la magia circulaba como un marco cultural mayor. Así, preguntarse por el contexto de la Caza de Brujas, implica remitirse a los significados que tuvo la magia en el contexto medieval. Para el autor, la magia en la Edad Media se presentó como una intersección entre la religión y la ciencia, entre la cultura popular y la cultura erudita, y entre la ficción y la realidad.
"Se puede resumir la historia de la magia medieval, de forma muy breve, diciendo que a nivel popular la tendencia fue concebir la magia como algo natural, mientras que entre los intelectuales competían tres líneas de pensamiento: un supuesto (…) de que cualquier tipo de magia implicaba, al menos implícitamente, una dependencia de los demonios; un reconocimiento de mala gana (…) de que la mayor parte de la magia era de hecho natural; y un temor (…) de que la magia comportara una invocación demasiado explícita a los demonios, incluso cuando pretendía ser inocente", explicó Kieckhefer.