Ese triunfo también se traspasó con mucho acierto en su versión cinematográfica, creando así una saga que se caracterizó no solo por los aciertos a la hora de la acción y los efectos especiales sino por ser una de las historias de iniciación más importantes, tal vez, de la historia del cine, con un efecto que impactó de lleno a la generación de fines de los ‘90 que crecía junto a los actores en pantalla. Hay que apuntar que ese particular atractivo no es la única arma de la película para seducir al público, y 25 años después, ya pasado ese impacto, sigue conquistando a los espectadores. Chris Columbus, director de notables éxitos noventeros como Papá por siempre y Mi pobre angelito, imprimió en el film un clasicismo estético que remite a las aventuras infanto-juveniles ochenteras, con el tono justo de cinta familiar con algunos tintes inquietantes que también invitan al público adulto. También hay, desde el libreto, un notable balance (aún mayor que en el libro) entre la fantasía del colegio Hogwarts y las complicaciones de la vida corriente, subrayando aún más el espíritu popular de la historia y su apenas vedado comentario sobre la lucha de clases en el Reino Unido de principios de siglo. Si en la vida real la aristocracia se impone en el mundo del arte, el universo mágico de Rowling le otorga la victoria a los marginados, a los pobres y a todos aquellos que aún esperan una carta mágica que los envíe a un mundo mejor.
Terminator
10 años antes llegaba a los cines de todo el mundo otra aventura, aunque sin ningún tono infantil: Terminator 2: el juicio final. Si uno se basa en su reputación posterior, encontraría imposible imaginar que en su momento fue una apuesta incierta, pero la realidad es que todo lo que proponía el film era una rareza en su momento. No solo era una secuela tardía, llegando siete años después de su primera parte, sino que ya esa cinta había sido apenas un moderado éxito, de la mano de un director que venía golpeado por el fracaso de El secreto del abismo. Sin embargo, la productora Carolco estaba determinada a mostrar que podía competir de igual a igual con las empresas grandes y, luego de comprar los derechos de la saga, le dio a James Cameron un presupuesto de 100 millones de dólares (la primera había costado solamente 6) y libertad total para una idea que no terminaba de convencer ni al propio protagonista, Arnold Schwarzenegger: una nueva versión de su mítico villano robótico, esta vez transformado en un antihéroe que hace reír a la platea y es compañero y niñero de un chico, John Connor.
Sin embargo, Cameron demostró en esta cinta la osadía y la extrema confianza en sí mismo que serían piezas fundamentales de su cine posterior, incluyendo Avatar y sus secuelas. Terminator 2, con sus insólitas piezas, conforma una de las películas de acción más memorables de todos los tiempos, con maravillosas secuencias de acción, efectos especiales revolucionarios para la época, tensión constante, una historia creativa que logra distanciarse de la original a la vez que amplía su universo... y sí, un Arnold descomunal que, a pesar de sus propios temores, ofrece la versión definitiva del T-1000.
Si hoy los fans están desencantados debido al devenir de la saga (las secuelas, a excepción de la más reciente, Destino oculto, son bastante mediocres) este reestreno es la oportunidad ideal de volver a enamorarse de aquella historia que hoy regresa para volver a advertirnos de los peligros de una tecnología que puede llegar demasiado lejos.