Según información recogida por la Biblioteca Nacional de Uruguay Paulina Luisi integró la Asociación de Mujeres Universitarias Argentinas en 1908. Al año siguiente conformó y presidió la sección uruguaya de la Federación Femenina Panamericana. Fue fundadora del Consejo Nacional de Mujeres del Uruguay (CONAMU) en 1916 y de la Alianza Uruguaya de Mujeres en 1919. Fue directora de Acción Femenina, publicación de prensa de la Alianza Uruguaya de Mujeres, que comenzó a salir en 1917 en Montevideo y se editó hasta 1925.
En 1925 Paulina Luisi fue homenajeada en la Sala Verdi de Montevideo, luego de viajar como representante del gobierno a diversas actividades en el exterior. En un medio de la época la nota sobre el evento se tituló "Homenaje para ardorosa feminista". Allí recogieron dichos de la médica, educadora y militante:
Cuando oímos a los hombres encargados por el pueblo de reformar la carta magna de la Nación clamar con inconsciente suficiencia que la misión de la mujer es la guardia del hogar y la procreación de los hijos, pensábamos en los miles de mujeres que, a la par del hombre pero con menos salario que él, trabajan de sol a sol, en las fábricas y en los talleres (...) en otros más miserables aún que, al precio de un salario de hambre, cosen 14 y 16 horas para los registros (...) y nos preguntábamos qué salvaje ironía o qué obtusa inconciencia inspiran las palabra de aquellos constituyentes que no tienen reparo en negar a la mujer el derecho a la vida ciudadana, en nombre del más sagrado de todos los deberes, pero que, a estas esclavas del hambre, siquiera en nombre de la maternidad humillada, no saben proteger como legisladores, ¡ni muchas veces saben respetar como hombres! Cuando oímos a los hombres encargados por el pueblo de reformar la carta magna de la Nación clamar con inconsciente suficiencia que la misión de la mujer es la guardia del hogar y la procreación de los hijos, pensábamos en los miles de mujeres que, a la par del hombre pero con menos salario que él, trabajan de sol a sol, en las fábricas y en los talleres (...) en otros más miserables aún que, al precio de un salario de hambre, cosen 14 y 16 horas para los registros (...) y nos preguntábamos qué salvaje ironía o qué obtusa inconciencia inspiran las palabra de aquellos constituyentes que no tienen reparo en negar a la mujer el derecho a la vida ciudadana, en nombre del más sagrado de todos los deberes, pero que, a estas esclavas del hambre, siquiera en nombre de la maternidad humillada, no saben proteger como legisladores, ¡ni muchas veces saben respetar como hombres!