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Daniel Radío: Una renuncia a la sordina

Por Pol Botón.

El fiscal Garganta decidió jubilarse cuando se enteró de que ganó Pompita y se imaginó que en dos años al fiscal Jorge Díaz lo iban a mandar para la casa para que el gobierno desplegara sin contratiempos el Lawfare, que no es otra cosa que el ataque contra oponentes, utilizando indebidamente los procedimientos legales para dar apariencia de legalidad.

Era de esperar que alguno de los fiscales se tirara a la piñata y Francisco Garganta, con sus años, su rebeldía y, para no mentir, sus copas, no iba a calificar para fiscal de Corte ni a placé.

Por eso Garganta se fue al BPS, pidió la historia laboral, preguntó los años de trabajo, miró la cédula de identidad y firmó el retiro. Después, hubo despedidas y elogios que más vale recibir en la jubilación que en el velorio, y Panchito -como era conocido en el Poder Judicial, en la Ciudad Vieja y en todos los boliches desde el Cerro a Bella Unión- se fue a casita a disfrutar de la patrona, los nietos y la pandemia.

Todas las mañanas, a las 8.30 en punto, Garganta hace irrupción en el Expreso Pocitos, en donde hace 20 años que comienza su gira diaria de grapa en grapa. Ese día se instaló en su vieja mesa -ya renovada por la reforma del local- y pidió una grapa italiana de la botella que el encargado guardaba para él, el único del barrio que aún tomaba esa entrañable bebida que le caía tan bien a su hígado un poco maltrecho.

Cuando leía los títulos de Caras y Caretas, después de degustar el primer sorbito, se apareció el escribano Julio de la Fuente, siempre muy campechano y sociable cuando se trata de mangar el desayuno.

-¿Cómo pasó la noche, escribano. Me imagino que trasnochó como siempre.

– Ni ahí, Panchito, con este asunto de la pandemia, todos los amigos se van a dormir temprano, porque los están esperando con los platos sucios y vuelven a la hoguera para sacarse la mascarita con la que andan todo el día.

-Así que ni un chisme de la separación de Cristino y Beatriz…

-Tremendo escándalo que los diarios ocultaron todo lo que pudieron, pero al final la noticia saltó como pelota. La Ciudad Vieja estaba ajetreada esa mañana. Todos revisaban sus celulares esperando encontrar una cucaracha que los espiara, no por sus picardías políticas o sus pecados económicos, sino por los otros, los que no faltan ni en la cartera de la dama ni en el bolsillo del caballero. Creo que el final de la historia lo puso su colega Diego Pérez, que mandó a Cristino al manicomio después de pasar una noche de primera entre malandras en una celda oscura y agraviado por los milicos de la seccional .

-¿En Ciudad Vieja?

-No, en la Comisaría 1ª, no, pasó de primera en la Comisaría de Piedras Blancas, en la 17ª, sección judicial de Montevideo donde dicen que tienen los votos Manini y Andrade.

-No me hable más basura Julio, que le pago la medialuna y el café con leche para que me tire alguna posta.

-Posta, posta son los entretelones de la renuncia de Radío al Sistema de Cuidados, en el Mides.

-Me sorprendió esa renuncia porque ese chico, Radío, parecía entusiasmado con el juguete nuevo.

-Usted se sorprendió porque a las tres de la tarde entre, grapa y grapa, usted está ebrio, Sr. fiscal.

-No es verdad, De la Fuente. A esa hora estoy fresco como una lechuga porque la mayoría de los días a la hora de la siesta le pongo más limón a la grapa para refrescar el ácido.

-Ya todos saben en el Mides que Radío no sintonizaba bien ni con Bartol ni con el hombre fuerte de Aire Fresco, el casi primer ministro Alvarito. También es sabido que cometió la osadía de ir a hablar con el gran Luis por su propia cuenta y que las autoridades no se lo perdonan. Ya lo habían puesto en vereda con un fabuloso ninguneo ante todos sus reclamos, incluyendo las compensaciones solicitadas para “algunes amigues” de esas y esos que son fundamentales en la lealtad multicolor.

Pero lo que no todos saben es que este hombre, ya hace un mes que no iba a trabajar, desde que se enteró que el famoso Sistema de Cuidados estaba para ser derrumbado junto con Pronadis y Uruguay Crece Contigo, espacios que él se ilusionaba con absorber, pero que Bartol y  Alvarito tenían pensado demoler rápidamente, no  abriendo nuevos cupos en su oferta programática y bajando los cupos  existentes, reduciendo la cobertura a medida que los actuales beneficiarios fueran saliendo.

-No me va a decir que ya tenía pensado irse…

Más aún. Ya había pactado la salida y por eso ni iba a trabajar, estilo Silvia de Borba. Cobraba sin jugar, como Urretaviscaya y Amaral. Si tengo que resumirle porque usted está flojito de memoria, le digo que el Sistema de Cuidados, lejos de ser una oportunidad de proyección política, era un entierro complicado, pues además de no tener protagonismo alguno, iba a enfrentar una demanda que nunca va a atender. Como ha dicho el hombre fuerte de Aire Fresco, “el Sistema de Cuidados es un buen programa para países ricos”, y no es precisamente hacia donde van conduciendo el país los erráticos multicolores.

-Bueno Julio, pero si todo fue tranquilo y sin estridencias ni escándalos, está muy bien. Dos salidas en la misma semana, la de Talvi y Radío -salvando las diferencias- no se hubieran podido soportar.

-Ni que me lo diga, casi toda la prensa ni se enteró porque hace oídos sordos a todo lo que puede perjudicar al gobierno, pero se sabe que hubo algunos intercambios subidos de voz, y que el director general, un tal Martinelli -que no es nada del Martinelli famoso que te lleva en la carroza hasta la última morada- lo maltrató a Radío como si fuera un pichón.

-¿Quién es ese Martinelli, que la radio no lo nombra?

-Es un joven abogado bastante impertinente, que invoca como su principal mérito ser amigo de Pompita. Por orden del que manda le negó las compensaciones solicitadas argumentando que están en rojo y que esos amigos de Radío son unos “muertos”. Esto lo escuchó una secretaria que es amante de un amigo mío al que le certifiqué la firma para registrarla en el Banco República.

-Pero eso es pura bola, muertos o vivos los “amigues” de Radío, lo cierto es que no hay guita para ninguna compensación porque los sueldos que paga el Mides ni se comparan con lo que las nuevas autoridades acostumbran, ni siquiera con las que paga el Opus Dei a sus curas, aun a los que están en el estrellato. La realidad parece ser que no planificaron este tipo de gastos y Alfie manda más que la ministra. Es más, Garganta, Pablo Bartol dictó una conferencia en la universidad del Opus Dei, instando a los muchachos a optar por un cargo público porque no encuentra ni gente para acomodar en la administración pública, demostrando que no estaban preparados ni para gobernar ni para ejercitar con eficacia el clientelismo.

-¿Quiere otro café escribano? Porque esta grapa se está acabando

-El café del estribo, Pancho.

-Cuénteme, Julio. ¿A dónde fue a parar Radío?

-Parecía que se iba por el resumidero con todos los proyectos de Radío para el Sistema de Cuidados, el logo nuevo, las compensaciones de “sus amigues” y los contratos de los trabajadores.

-No me va a decir que no fue así

-Es que no fue así. Todos por el caño menos Radío, al que Pablo  Mieres ubicó en la Junta de Drogas…

-La moraleja es que torpeza de los ambiciosos habilita la acción de los calculadores: el pase de Radío deja satisfecho al más torpe, pero facilita a los más vivos. La salida de Radío es un paso más para tener un ministerio absolutamente copado en sus funciones principales, que será reorientado hacia las políticas de “atención personalizada” que los que cortan el bacalao las entienden como un capital vital para su propia supervivencia y expansión, incluso dentro de la propia coalición. Cada día se respira más Aire Fresco en todos los espacios del Mides, en especial en el interior del país.

 

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