De la impotencia neoliberal a la resistencia y denuncia en América Latina
La glaciación neoliberal que afecta al mundo en general y a América Latina en particular comienza a erosionarse ante las primeras expresiones de calor social con movilizaciones, protestas y búsquedas incipientes de alternativas. En algunos casos, de manera impetuosa, masiva y disruptiva. En otros, con tibias reacciones al interior del propio dispositivo de poder político y electoral. La dirección no es unívoca. En Bolivia y Uruguay los progresismos sufrieron caídas notables de sus adhesiones históricas aunque manteniendo cierto nivel de movilización, mientras en Ecuador y Chile los levantamientos y revueltas recientes y actuales superan sus propios antecedentes históricos e insinúan un horizonte insurreccional apasionante. En Uruguay queda aún un esfuerzo titánico por lograr el incremento de la capacidad de movilización, persuasión y denuncia sin el cual será imposible recuperar el enorme terreno perdido en materia de apego electoral para el próximo balotaje del 24 de noviembre. De México a Argentina, López Obrador y Alberto Fernández atisban a zurcir con un tibio hilo de dudosa resistencia los primeros remiendos de una unidad latinoamericana, económica y políticamente despedazada por la erosión glaciar del mercado sobre el humus estatal y sus potencias mitigadoras del salvajismo desigualitario. De conjunto, asistimos a momentos de transformación de aún inciertas desembocaduras y desiguales escenarios.