De Rosa a Simone: un siglo de inacabadas luchas
Exactamente un siglo atrás era asesinada Rosa Luxemburgo en Berlín por la Socialdemocracia (SPD) que ayudó a construir, antes de alejarse de ella frente a las genuflexiones imperial-chauvinistas de apoyo a la Primera Guerra Mundial. También cayó su compañero Karl Liebknech con quien fundó el periódico La bandera roja, además de la Liga Espartaquista (no es casual ni infrecuente que los periódicos y revistas deriven en la formación de grupos políticos) embrión de lo que luego sería el Partido Comunista Alemán (KPD). Por supuesto que en esos días también asesinaron a miles de manifestantes más anónimos de la insurrección de enero del 19 y masacraron la República de los Consejos de Baviera. Con el aplastamiento de la revolución alemana de ese año, comenzaba a sellarse la suerte de las dos sucesivas (21 y 23) y la monstruosa tragedia política que se avecinaría en aquel país y toda Europa. Probablemente hoy, 15 de enero, mientras garabateo estas líneas, Berlín quede sin claveles rojos porque anualmente, en un raro reconocimiento -que descreo tenga un ápice de necrofilia- decenas de miles de personas se dan cita ante su tumba para depositar esa flor. Hasta su propia muerte parecería otra de sus pioneras denuncias, ya que esas acciones criminales del primer presidente de la República de Weimar, Friedrich Ebert, anunciaban la descomposición de la socialdemocracia europea hasta nuestros días, aunque su primera línea de fuego actual haya sustituido a los paramilitares por politiqueros profesionales de la puerta giratoria.