Lo cierto es que a Argentina le costó mucho generar peligro y cada vez que pisó el área nigeriana, perdió claridad.
Los jugadores más desequilibrantes estaban bien marcados, ante un rival que con el paso de los minutos se fue sintiendo más cómodo con el trámite del encuentro.
En el complemento, Argentina salió con otra determinación. Con Barco ya más adelantado, el equipo encontró soluciones por la izquierda. Carboni tocó más la pelota y así, el local encontraba fluidez ante un elenco africano que sólo apostaba a una contra y a los remates de larga distancia cuando pasaba la mitad de la cancha.
A los 12 minutos, los corazones se paralizaron en San Juan. Gomes Gerth salió a cortar un centro y la despejó. La pelota le quedó a Ogwuche quien definió suave de derecha por encima del arquero y la pelota dio en el travesaño. A partir de esa jugada, Nigeria ganó en confianza y comenzó a dominar el trámite del juego y a instalarse en campo rival tras varios minutos de asedio albiceleste.
A los 16 minutos, los africanos aprovecharon el desconcierto en Argentina y tras una extraña jugada que se inició con un saque de arco, Ibrahim Muhammad definió con clase ante la salida de Gomes Gerth para abrir el marcador y para silenciar al estadio Bicentenario.
Los de Mascherano estaban en desventaja y estaban obligados a buscar el empate. A los 19’, Carboni armó una gran jugada individual y remató de afuera del área. El arquero nigeriano la sacó al córner con mucho esfuerzo. Pasaban los minutos y Argentina merodeaba el empate. Romero insinuaba mucho pero no estaba fino para la finalización.
A los 45’, Giay perdió la pelota y después la marca de Lawal, quien controló dentro del área y asistió a Sarki, quien de palomita sentenció la historia. Argentina fue con lo que le quedaba de orgullo pero a esta altura, el partido estaba liquidado.