Como en otras grandes gestas deportivas, la Intendencia de Montevideo fue el epicentro de los festejos. Desde todos los barrios, cientos de personas llegaban con banderas, camisetas celestes y gorros como en los mejores momentos del fútbol uruguayo.
La Selección Sub 20 logró unir a todos bajo un mismo color, sin diferencias de ningún tipo con un único grito: Uruguay, Uruguay, Uruguay.
Una noche helada que invitaba a guardarse en las casas, no fue obstáculo para una auténtica fiesta uruguaya. El fútbol, una vez más, era motivo de un enorme festejo.
Desde todas las calles llegaban a 18 de julio, caminando, en motos, autos, y hasta los que pasaban en ómnibus abrían sus ventanillas para gritar su fervor.
Los balcones se vistieron de celeste en pocos minutos, cada uno sacó lo que tenía a mano, y la 18 de julio lucía como en sus mejores galas.
Uruguay es Campéon del Mundo y la alegría de un pueblo que ama el fútbol dejará en la historia la noche del 11 de junio. Los gurises de la Sub 20 lo hicieron posible.