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La vergonzosa participación de Uruguay en cumbre ultraderechista convocada por Marco Rubio

No cuadra por ningún lado. Uruguay participó como país de una cumbre ultraderechista que busca sembrar el odio y desestabilizar las democracias.

La participación de la República Oriental del Uruguay en la denominada “Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político”, celebrada en Washington y convocada por el Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, vuelve a encender alarmas profundas en la sociedad. Esta situación no debería preocupar únicamente al seno de la izquierda, sino también a todos aquellos actores que defienden la convivencia democrática, la paz y el respeto internacional.

Hay que decirlo con la claridad, la participación de Uruguay constituye una actitud inexplicable y vergonzosa, prestándose a participar de una instancia que carece por completo de rigurosidad académica y jurídica, cuyo único fin es imponer una agenda ideológica de extrema derecha y debilitar la soberanía de los pueblos latinoamericanos.

Durante el encuentro —en el que participaron representantes diplomáticos de más de 60 países— Marco Rubio arremetió de forma directa contra el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), catalogándolo como parte de una "threat" (amenaza global) y equiparándolo burdamente con redes criminales internacionales vigentes. También se referio con menosprecio y vinculando a una supuesta práctica terrorista a movimientos y partidos marxistas, como también al "comunismo".

Es absolutamente inadmisible que Uruguay, como Estado soberano, se pliegue a discursos tan peligrosos para la salud democrática.

El argumento de la "segunda línea" es un chiste de mal gusto

De acuerdo con versiones surgidas desde la propia Cancillería uruguaya, el envío de un funcionario diplomático de segunda línea de la embajada en Washington pretendió justificarse como una "señal de distancia" o un gesto de supuesta neutralidad del gobierno de Yamandú Orsi frente a las iniciativas radicales de la Casa Blanca. Este argumento no es de recibo bajo ningún concepto: Uruguay no tiene ningún tipo de obligación de participar en instancias de claro tinte ultraderechista, por más que la convocatoria provenga de un alto funcionario de los Estados Unidos.

Este hecho se traduce en un nuevo error diplomático de gravedad, equiparable o incluso peor que la reciente e injustificada visita del presidente Orsi al buque de guerra estadounidense. En definitiva, representa una pésima señal política para la fuerza de izquierda que ganó el gobierno, la cual sostiene históricamente definiciones claras de carácter antiimperialista, democrático y pacífico.

Parece innecesario tener que recordar que, en el ámbito de las relaciones internacionales, la presencia física y oficial de un Estado es la forma explícita de convalidar de hecho el temario y el tono de una reunión. Mandar a un diplomático de menor rango no atenúa la gravedad institucional: Uruguay estuvo formalmente en la "foto" y en el acta de una cumbre donde se insultó y criminalizó a fuerzas políticas legítimas que hoy integran legal y democráticamente el gobierno de nuestro país. Esto representa una agresión directa a la soberanía institucional uruguaya que jamás debió ser tolerada con asistencia alguna.

Anacronismo y agresión a la paz democrática

Colocar a una parte fundamental de la izquierda uruguaya bajo el rótulo de "terrorismo" y señalarla como un peligro global denota una ignorancia supina o, peor aún, una manifiesta mala fe geopolítica destinada a fracturar las democracias regionales y a sembrar sospechas e inestabilidad innecesarias.

Con esta postura, la administración estadounidense pretende trazar líneas divisorias ideológicas y revivir las lógicas más rancias de la Guerra Fría, buscando desviar la atención de los verdaderos problemas estructurales que azotan al continente, tales como la desigualdad, la crisis climática y la exclusión económica. Que la diplomacia uruguaya se preste para estas puestas en escena daña severamente la tradición histórica del país en la defensa irrestricta de los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos.

Movilización y exigencia de explicaciones públicas

Ni el Frente Amplio (FA) ni las fuerzas populares y democráticas de nuestro país pueden permitir que esta preocupante actitud del gobierno pase desapercibida. Ante la gravedad de los hechos, se vuelve imperioso exigir al Poder Ejecutivo que fije una postura clara, pública y contundente, aclarando las razones de esta participación y comprometiéndose formalmente ante la ciudadanía a que este tipo de claudicaciones internacionales no vuelvan a repetirse en el futuro.

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