Es absolutamente inadmisible que Uruguay, como Estado soberano, se pliegue a discursos tan peligrosos para la salud democrática.
El argumento de la "segunda línea" es un chiste de mal gusto
De acuerdo con versiones surgidas desde la propia Cancillería uruguaya, el envío de un funcionario diplomático de segunda línea de la embajada en Washington pretendió justificarse como una "señal de distancia" o un gesto de supuesta neutralidad del gobierno de Yamandú Orsi frente a las iniciativas radicales de la Casa Blanca. Este argumento no es de recibo bajo ningún concepto: Uruguay no tiene ningún tipo de obligación de participar en instancias de claro tinte ultraderechista, por más que la convocatoria provenga de un alto funcionario de los Estados Unidos.
Este hecho se traduce en un nuevo error diplomático de gravedad, equiparable o incluso peor que la reciente e injustificada visita del presidente Orsi al buque de guerra estadounidense. En definitiva, representa una pésima señal política para la fuerza de izquierda que ganó el gobierno, la cual sostiene históricamente definiciones claras de carácter antiimperialista, democrático y pacífico.
Parece innecesario tener que recordar que, en el ámbito de las relaciones internacionales, la presencia física y oficial de un Estado es la forma explícita de convalidar de hecho el temario y el tono de una reunión. Mandar a un diplomático de menor rango no atenúa la gravedad institucional: Uruguay estuvo formalmente en la "foto" y en el acta de una cumbre donde se insultó y criminalizó a fuerzas políticas legítimas que hoy integran legal y democráticamente el gobierno de nuestro país. Esto representa una agresión directa a la soberanía institucional uruguaya que jamás debió ser tolerada con asistencia alguna.
Anacronismo y agresión a la paz democrática
Colocar a una parte fundamental de la izquierda uruguaya bajo el rótulo de "terrorismo" y señalarla como un peligro global denota una ignorancia supina o, peor aún, una manifiesta mala fe geopolítica destinada a fracturar las democracias regionales y a sembrar sospechas e inestabilidad innecesarias.
Con esta postura, la administración estadounidense pretende trazar líneas divisorias ideológicas y revivir las lógicas más rancias de la Guerra Fría, buscando desviar la atención de los verdaderos problemas estructurales que azotan al continente, tales como la desigualdad, la crisis climática y la exclusión económica. Que la diplomacia uruguaya se preste para estas puestas en escena daña severamente la tradición histórica del país en la defensa irrestricta de los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos.
Movilización y exigencia de explicaciones públicas
Ni el Frente Amplio (FA) ni las fuerzas populares y democráticas de nuestro país pueden permitir que esta preocupante actitud del gobierno pase desapercibida. Ante la gravedad de los hechos, se vuelve imperioso exigir al Poder Ejecutivo que fije una postura clara, pública y contundente, aclarando las razones de esta participación y comprometiéndose formalmente ante la ciudadanía a que este tipo de claudicaciones internacionales no vuelvan a repetirse en el futuro.