Este anuncio se produce en un clima de extrema tensión interna y externa, coincidiendo con la deserción de seis integrantes de la selección femenina en Australia, quienes solicitaron asilo tras negarse a cantar el himno nacional. La postura de Teherán contrasta con las declaraciones recientes del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien tras reunirse con Donald Trump en la Casa Blanca, había asegurado que el equipo persa sería bienvenido. Según Infantino, el mandatario estadounidense había reiterado personalmente que la selección iraní tendría las garantías necesarias para competir en las sedes de Los Ángeles y Seattle.
No obstante, la retirada unilateral expone a la Federación Iraní a severas consecuencias económicas y administrativas. Según el reglamento de la FIFA para el Mundial 2026, una renuncia con más de 30 días de antelación conlleva multas mínimas de 250.000 francos suizos, además de la obligación de reembolsar los 1,5 millones de dólares entregados para gastos de preparación y la pérdida de los 10,5 millones de dólares asignados por participación. Más allá del impacto financiero, el Consejo de la FIFA podría aplicar sanciones disciplinarias adicionales, incluyendo la exclusión de Irán de futuras competencias internacionales