Con su particular franqueza, Pepe Mujica calificó a los señores de la FIFA de ser unos “reverendos hijos de puta”, cuando sancionaron a Luis Suárez en el Mundial de Brasil. Aquí en Uruguay tenemos un “huevito” de semejante modelo, la Asociación Uruguaya de Fútbol, organización que hasta hace 8 años era, en el imaginario colectivo, una asociación civil uruguaya sin fines de lucro y que en 2018 fue objeto de un golpe institucional mediante una resolución de la FIFA pretendidamente justificada por la corrupción que se había denunciado de sus autoridades.
Perdón, tal vez dije una tontería, la AUF sigue actuando dentro del marco jurídico, aunque parezca raro y paradójico, como una asociación civil sin fines de lucro que está exonerada de impuestos, al menos según la vista gorda que hacen los sucesivos Ministerios de Economía y Educación y Cultura, y las sucesivas Direcciones Generales Impositivas, aunque los únicos que no lucran con el fútbol profesional son los hinchas que a partir del protocolo para las transmisiones audiovisuales son calificados como “el producto”.
Sí, somos el producto televisivo; los del tablón somos el producto final y, como tal, no podemos aparecer en la trasmisión audiovisual; los feos, los gordos, los bombos, las banderas mal pintadas, los negros y últimamente los discapacitados. Nada que el productor de imágenes considere impresentable o desagradable para el sentido comercial.
El golpe fue curiosamente ambientado como si se tratara de ajustar a la AUF en una conducta de transparencia y ética.
Sin embargo, los hechos posteriores demostraron de que el propósito más o menos encubierto era integrarla en el modelo de gestión de la metrópoli, por lo que en ese momento nos enteramos de que
La FIFA era la “casa matriz”, y la AUF la sucursal más chiquita del complejo empresarial. Hasta agosto de 2018 nos habíamos comido la pastilla, queríamos creer que la AUF “era de los clubes”. Desde ese momento sabemos que la AUF es solamente una sucursal de una multinacional regida por las “normas FIFA”, cuyas autoridades surgen de una burocracia trasnacional cooptada cuyas protocolos de ingreso son desconocidos, turbios e inalcanzables. salvo que logres penetrar en la rosca dominante.
La intervención de esta pretendida ONG, como no podía ser de otra manera, fue designada por las autoridades paraguayas de la Conmebol, que como todos saben está ligada históricamente al narcotráfico, el contrabando y el lavado de dinero. El presidente de la Conmebol es nada menos que Alejandro Domínguez, el hijo de Domínguez Dibb, relacionado íntimamente con el dictador Alfredo Stroessner, y cuya inmensa fortuna se hiciera con el contrabando de cigarrillos amparado en la impunidad de la tiranía.
El interventor estaba cantado y grabado en piedra: Pedro Bordaberry, cuya biografía es abundantemente conocida por nuestros lectores y que siempre está ligado a las causas nobles cuando se trata de cazar dinero.
La intervención impuso nuevos estatutos, sustituyó a los clubes de fútbol profesional como protagonistas fundamentales, empoderó a los llamados “grupos de interés” apelando a una camarilla de jueces y jugadores y exjugadores que rápidamente se incorporaron al negocio, y comenzó un proceso de mercantilización del fútbol profesional en donde se alentó que los clubes dejaran de ser asociaciones civiles sin fines de lucro para ser sociedades anónimas deportivas exoneradas de impuestos y sin controles financieros reales. Muchas de ellas dando lugar a inversiones oscuras protegidas por actores políticos, empresas, operadores financieros y lobbistas profesionales.
El mecanismo fue la construcción de una estructura cerrada, autocrática y protegida desde Paraguay con estrecha relación en el espacio político, y el adversario elegido fue quien hasta ese momento controlaba el negocio aparentemente más lucrativo del fútbol, que era la trasmisión por televisión.
El enemigo no era otro que Paco Casal, ni Dios ni el Diablo. Un empresario que fue capaz de imaginar un negocio que estaba lejos de los dirigentes del fútbol uruguayo y que les permitió mantener un deporte y un espectáculo competitivo durante casi tres décadas con episodios claros y oscuros, algunos más criticables que otros, pero al que nunca vinieron del FBI a sacarlo de la cama ni nunca fue imputado ni condenado por sus negocios
No se trata entonces de aplaudir ni demonizar a nadie, y sin duda tampoco a la empresa Tenfield ni a Paco Casal, que hicieron su negocio ganando mucho dinero pero innegablemente aportando los recursos que el fútbol y sus clubes requerían para subsistir en un pequeño mercado que, mal que pese, durante esos años siguió ganando títulos internacionales y manteniendo una destacada jerarquía internacional, al menos hasta el Campeonato Mundial de Brasil en 2014, el último que se jugó sin estas fantásticas autoridades que surgieron de la intervención y que gastan plata que no tienen y no ganan títulos ni por gracia de Dios.
Hasta la intervención, Tenfield gozaba de la cesión de un derecho que habían otorgado los clubes históricos del fútbol profesional, y desde ese momento comenzó una disputa para apoderarse de ese negocio en Uruguay por parte de los que impusieron una estructura nueva por un golpe institucional y por quienes comenzaron a disponer de sumas millonarias en dólares para iniciar un proceso de destrucción, desplazamiento y sustitución de Tenfield, y de quienes desde la dirigencia de los clubes tradicionales se oponían a este nuevo poder.
Cuando cesó la intervención y se elaboró un nuevo estatuto donde se minimizó la participación de los clubes históricos, apareció un personaje que hasta ese momento sólo se le conocía por ser el presidente de Rampla Juniors y haber sido tesorero del anterior Comité Ejecutivo, cuyas autoridades había sido desplazadas por la FIFA por haber encontrado elementos de corrupción institucional.
El candidato Ignacio Alonso era un joven economista proveniente de un viejo club que alternaba entre la segunda y la primera división, y que hoy, convertido en Sociedad Anónima Deportiva, cuenta con menos de 500 socios que se comen la pastilla y un propietario inglés llamado Foster Gillett, acercado por el propio Alonso, inversor que logró hacer descender a Rampla Junior a la divisional C, dejar al club con una deuda impagable y, por ahora, “llevar a cuentos” a los acree- dores, sin que a Nacho Alonso se le sacuda la melenita y poniendo cara de” yo no fui”. Alonso hace lo que quiere; sus propios allegados dicen “que es un tanto desprolijo” maneja los millones como si fueran propios y hasta consigue que el fiscal de Delitos Económicos le archive una causa porque no tenía contadores disponibles para estudiar los papeles que constaban en la denuncia formulada por los clubes.
El fiscal Gilberto Rodríguez no pudo con el expediente de la AUF y tiene cientos de causas pendientes en sus cajones, pero aún así Pedro Bordaberry lo sugiere para ser el próximo fiscal de Corte. Saquemos las conclusiones que se nos vengan primero a la cabeza. “Nacho” Alonso se mueve en los ambientes turbios que mencionamos como pez en el agua, pero curiosamente sorteó los controles de la Conmebol al que no puso reparos a su idoneidad moral. Fachero, desenvuelto, vivillo, inteligente, productor agropecuario, blanco en un gobierno blanco y ahora además con plata dulce y bien relacionado con las autoridades de Paraguay, Ignacio Alonso subió aceleradamente en el escalafón de la burocracia millonaria del fútbol internacional.
Demostró que su ambición no tiene un perímetro estrecho, que se mueve con soltura en las esferas del poder, que es guapo para enfrentar batallas difíciles y adversarios hostiles, bueno para la polémica y valiente para la confrontación; buen político, inescrupuloso entrenado para mentir, cocheado para la polémica, locuaz, sin complejos y sin pudor, maneja mucha plata sin demasiados pruritos y muy poco control institucional. Semejante personaje no es un caso único. Me hace acordar a Pompita.
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“A nosotros nos deberían procesar por nabos”, dijo Armando Castaingdebat refiriéndose a la garantía trucha presentada por Cardama y que aceptó siendo ministro de Defensa. Es muy temprano para aventurar en qué va a terminar el desastroso contrato firmado con este “centenario” varadero gallego que nunca había construido (ni construirá) un buque militar. Pero lo que sí se puede vislumbrar con algún grado de certeza es que ha dado por tierra con las aspiraciones electorales de Javier García, titular de la lista más votada del Partido Nacional en las elecciones pasadas.
Que García está involucrado en la estafa de Cardama con ineptitud, omisión y o delito, no hay cómo negarlo. Por su parte, el rival de García en la interna, Álvaro Delgado, ha quedado confinado al Directorio del Partido, desde donde deberá articular defensas para los embates que se le vienen además de Cardama; el mayor de ellos, los manejos en áreas del Ministerio de Salud Pública y lo que al final tendrá que aclararse del pasaporte de Marset. Con Delgado y García fuera de combate, la próxima línea de defensa está constituida por el triángulo final de bartenders, formado por Lema, Martinelli y Satdjian. Todos con desta- cada actuación durante el periodo pasado en la articulación de suculentos contratos con el sector privado en detrimento del Estado y la gente.
El partido de las ideas liberales está virtualmente secuestrado por los cultores de la “patria contratista”. Astesiano, el operador del piso 11, elegido como chivo expiatorio por la Torre Ejecutiva con la complicidad hoy indiscutible de la exfiscal Gabriela Fossati, lo insinúa todos los días.
Eso le deja el camino despejado a Lacalle Pou para consolidar el control de su partido, como lo lograra su padre por 20 años consecutivos.
Para el 2029 Lacalle Pou no parece tener rivales, pero en 2034 es otra cosa. Alonso se juega todos los boletos en el Mundial de 2030, donde espera subir a la torre de los homenajes y para conseguir su propósito manguea a Orsi y se reúne media docena de veces con él, pide exoneraciones impositivas, va a China y teje una alianza con Eduardo Ache que, haciendo, resultó ser el mejor pívot de la liga, cortinando y llevando marcas siempre está cerca de la jugada final.
Dice que la ambición es más peligrosa que la cocaína, pero a Alonso no lo detiene nada: uno de sus principales aliados nos dice que no quiere ser presidente de la República, sino presidente de la Conmebol. Alonso quiere vivir como un Rey nos dice quien lo conoce como pocos y sabe de sus piruetas como nadie.
Alonso es un candidato potencialmente formidable, de esos que parecieran haber nacido recubiertos de teflón.
El popular Nacho lleva el nombre de San Ignacio de Loyola, pero despide olor a azufre. Es de esos personajes que nunca van a “quedar como un nabo”. Como lo deja entrever Castaingdebat, el pecado entre los dirigentes blancos no es engañar, pecular, enriquecerse en la función pública, mentir, destruir documentos, manipular, desviar dineros públicos o firmar contratos truchos. El verdadero pecado para un blanco pillo es que lo agarren cubriendo a otro y quedar como un “nabo”. El exintendente de Flores levanta la mano y pide excusas, tal vez demasiado ingenuo parece haber comido el mochuelo que le dejó empaquetado Javier García y reconoce lo que para la dirigencia del Honorable
Directorio es un pecado capital, peor que robar, mentir y codiciar a la mujer del próximo; en el llamado “caso Cardama” se reveló como “un nabo”, y su amigo Javier García lo dejó pidiendo auxilio como chajá empantanado.
En eso, Alonso ha dado sobradas muestras de capacidad. En la primera línea del currículum que presentará a la Convención del Partido Nacional para ser candidato a presidente estar escrito con letras grandes “De nabo ni un pelo”.
Esta característica es un capital privilegiado que el presidente de AUF puede aportar a la interna de su partido, algo que le permitiría superar con creces al trío bartender o cualquier aspirante que surja de la cantera inagotable de “blancos baratos”. Pero esta es solo una de las principales cualidades de Alonso que lo podrían catapultar a la candidatura de su partido en 2029. Tiene campo, dinero y ostenta una melena con gradación Garnier superior al 7 Frecuenta Paraguay en avión privado, una ruta esencial en la logística económico-electoral de su partido. Organiza asados en medio de la pandemia, distribuye vacunas y logra entrar al piso 11 como perico por su casa. Ya tiene contratado al mejor asesor de comunicaciones de la región, que logró tapar tan bien lo del pasaporte de Marset que nadie logra agarrarlo hasta el día de hoy.
La misteriosa opereta de los derechos Alonso, como si procurara recuperar el legado de Lacalle Herrera, apunta directo contra Antel, en beneficio de una multinacional extranjera. Nacho puede lo que otros no han podido. Puede duplicarle la garantía al BROU y todavía lo felicitan. No le pagan los impuestos a la DGI y ésta guarda silencio; la Fiscalía se escondió detrás de una infortunada contadora y archivó la causa sin analizarla. El MEC no vio hasta ahora ninguna irregularidad en el manejo de la AUF. Al Ministerio del Interior no le pagan una deuda millonaria, pero Nacho va China en la delegación oficial
En fin, hasta ahora no hay nadie que haya logrado frenar a Alonso. Alonso va disparado al cielo como en un misil supersónico. Si algo no lo detiene, San Pedro lo va a ver entrar en órbita.
Hablemos de China, el tema del día El viaje fue planificado en pocos días para arreglar, en un clima distendido, los contratos de la televisación del fútbol, porque cuando se comenzó a hablar de poner la firma en los millones que había justificado el festejo, se cagó la piola.
“Este lío —reflexionó Ache— sólo lo puede arreglar Xi Jinping.
La idea de la licitación en bloques distintos había parecido una genialidad, una ocurrencia fantástica para sacar a Tenfield de la jugada. Se basaba en una idea que es una regla básica del marketing: si tengo una panadería y produzco masa, mejoraré la rentabilidad si aumento los productos y los canales de distribución. Voy a fabricar con esa masa pan,bizcochos, bocaditos, masitas y los venderé en distintos mercados (confiterías, restaurantes, cafeterías, fiestas), con diferentes plataformas.
Se contrató una empresa por una millonada que imaginó todas las eventualidades y entendió que había un sólo producto y dos canales de distribución el streaming y los canales de televisión de aire y cable,
Esos dos productos tendrían que ser rentabilizados de manera que se obtuviera el doble o el triple que antes para que Tenfield quedara en evidencia como el culpable de todo lo malo que había ocurrido en el fútbol en los últimos treinta años.
Tenfield ofreció por el producto streaming más del doble que el precio que había estipulado la AUF para la licitación del streaming DirecTV más o menos el precio mínimo que se había estipulado en los pliegos, algo más de 30 millones de dólares anuales para transmitir por los cables de cable y aire.
Parece evidente que nadie puede acusar a Tenfield de bastardear el producto cuando ofreció pagar más del 100 por ciento de lo que lo había valorado la propia AUF. El problema es que el mercado es el mismo, están en competencia, y la competencia en una régimen capitalista liberal es lógica y legítima y cuando hay competencia es posible o probable que cuando uno crece el otro se achica.
Por otra parte, la distribución por cable va disminuyendo anualmente el número de abonados con bastante celeridad, y el streaming va creciendo aquí y en todo el mundo geométricamente.
Así que, para que DirecTV firme el contrato, deben ponerse a Tenfield cláusulas restrictivas que no estaban establecidas en el pliego de licitación, de manera que uno de los actores de la competencia sea protegido y el otro limitado. A Tenfield hay que ponerle cláusulas muy restrictivas y posiblemente abusivas para que el negocio le resulte atractivo a DirecTV. Muy claramente no hay confianza entre Tenfield y las autoridades de la AUF,
El conflicto entre ambos lleva años y el propósito explicitado reiteradamente del Comité Ejecutivo, y particularmente de sus principales sostenes, incluyendo las autoridades de Conmebol, es desplazar a Tenfield y derrotar a Casal.
Lo que se oculta es que, si no se ponen estas cláusulas, DirecTV no firmaría y quedaría en evidencia que la montaña parió un ratón. Lo concreto es que, para que el negocio le resulte atractivo a DirecTV y le den los números que ofreció en la licitación, hay que atarle las manos a Casal e imponerle esas cláusulas que limitarían las condiciones con las que Tenfield podría vender el producto.
Esto significaría beneficiar a DirecTV y perjudicar a Tenfield, estableciendo un equilibrio que no beneficiaría al consumidor sino a la AUF.
En suma, todo lo que el pliego dice en torno a equilibrio, defensa del consumidor, libertad de mercado, defensa de la competencia... es pura cháchara redactada con Inteligencia Artificial para encubrir lo que se vendría después cuando se llegara a la etapa de firmar los contratos.
Sólo son expresiones de voluntad para llenar el ojo. Cuando se trata de llevarlo al papel, el equilibrio no lo pone el mercado, sino que lo quiere poner la la AUF con el argumento de que se propone defender el producto del propósito predatorio de Tenfield que, según la AUF, se propondría eliminar a los canales de cable y la propia DirecTV de la competencia.
En realidad no se trata de defender el producto sino de imponer un equilibrio que favorece a AUF y perjudica al consumidor final, que tendrá que pagar por el fútbol más de lo que pagaría si solamente se rigiera por la oferta y la demanda.
El consumidor sale perdiendo porque tendrá que pagar más y mediante un mecanismo que contradice la buena fe que alegaba el llamado a licitación y la teoría liberal. Ache y Alonso fueron a China pero quieren hacer un contrato fijando los precios como en la Unión Soviética.
Se volvieron comunistas y quieren fijar los precios e intervenir en el mercado para que éste funcione a su favor, como lo quería Pacheco Areco en la época en que el Turco Ache se desempeñaba en el Frigorífico Carrasco—ahí en el costado del arroyo— en el límite de Montevideo, aprovechando los permisos concedidos por el Gobierno colorado de la época, del cual Eduardo era un dirigente y economista destacado.
Obviamente es falso que se procure proteger a los canales de cable, porque muchos de ellos puede dar la señal por streaming y mucho más hipócrita que eso se ponga en boca de DirecTV, una empresa gigantesca con sede en EEUU que no corre ningún riesgo, que desembarcó en 2001 en el gobierno ultraliberal de Jorge Batlle y resistiendo la protesta de los canales uruguayos hizo toda clase de prácticas no competitivas para quedarse con el 30 por ciento del mercado de cable que controla en el momento actual.
Así que, si no me equivoco, además de todas las aptitudes que hemos señalado Alonso es mago. Con un juego de manos nos saca un conejo de la galera y nos quiere hacer creer que él es poseedor de la verdad y él que invoca las causas justas.
Sin embargo, los hechos son los hechos y, hasta que todos firmen, los 67 millones son un sueño. Para que firmen hay que actuar con lealtad y encontrar un dificilísimo equilibrio en una negociación que se hace a consecuencia de un pliego que escondía una trampa que tarde o temprano iba a descubrirse.