La mano que nunca existió en La Plata
Tres años antes, la polémica había golpeado a Nacional. En 2022, visitaba a Estudiantes en La Plata cuando, en el último suspiro, la pelota pegó primero en la cadera y luego en el brazo extendido de un defensor argentino dentro del área. Todo el equipo tricolor reclamó penal. Roldán, firme, desestimó.
El colombiano interpretó que el brazo no ampliaba el volumen del cuerpo y ordenó seguir. Nacional se fue con las manos vacías, convencido de que aquella decisión había torcido el rumbo de un partido que merecía otro final.
Rosario, 2016: el penal que apagó la ilusión
El mal recuerdo de Roldán con los uruguayos no empezó ahí. En 2016, Nacional ganaba en Rosario y acariciaba una victoria enorme frente a Central. Hasta que el silbato sonó. Penal. Nadie entendía por qué. En la jugada, el zaguero uruguayo había ganado la posición con limpieza, pero Roldán vio lo contrario. El empate 1-1 dejó a los tricolores masticando bronca, convencidos de que les habían arrancado dos puntos de oro.
Un juez con cuentas pendientes
Las escenas se repiten: manos no sancionadas, penales dudosos, decisiones que pesan en los momentos más calientes. Para los hinchas uruguayos, Roldán ya no es un árbitro más: es un protagonista indeseado, un nombre que trae malos recuerdos apenas aparece en la planilla.
La Conmebol lo celebra por su experiencia y sus más de cien partidos en Libertadores. En Uruguay, en cambio, su currículum se lee con amargura. Porque cada vez que Roldán cruza en el camino de Nacional o Peñarol, el temor no es a los rivales, sino a que un silbatazo suyo vuelva a cambiar la historia.