A través de una cadena oficial de radio y televisión se anunció el decreto 464 del Poder Ejecutivo, mediante el cual quedaban disueltas las Cámaras de Senadores y Diputados. Un segundo decreto eliminó las Juntas Departamentales y las sustituyó por las denominadas Juntas de Vecinos.
Horas después, el presidente Bordaberry justificó la decisión en un mensaje transmitido por cadena nacional, argumentando que la medida buscaba preservar las instituciones. Mientras tanto, el Palacio Legislativo era ocupado por efectivos militares, tanques y vehículos blindados, simbolizando el fin del funcionamiento democrático del Parlamento.
La gravedad de la situación también se reflejó en el propio gobierno. Durante esa jornada renunciaron varios ministros, entre ellos los titulares de Salud Pública, Educación y Cultura, Obras Públicas e Industria y Energía, en desacuerdo con la ruptura institucional.
Resistencia
La reacción fue inmediata. La Convención Nacional de Trabajadores (CNT) declaró la Huelga General y convocó a ocupar los lugares de trabajo. La Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) hizo lo propio en los centros de estudio.
En pocas horas, cientos de fábricas, industrias, bancos, oficinas públicas y empresas privadas fueron ocupadas. También se sumaron hospitales, servicios públicos como AFE, UTE y OSE, mientras el puerto de Montevideo quedó paralizado, la refinería de ANCAP detuvo su actividad y las comunicaciones internacionales se vieron afectadas.
La huelga se extendió durante quince días y se convirtió en una de las mayores expresiones de resistencia civil de la historia uruguaya, dejando un legado de compromiso con la defensa de la democracia y los derechos ciudadanos.
Un legado qpara Uruguay
La noche previa al golpe, el Senado celebró su última sesión antes de ser disuelto. Allí, el senador nacionalista Wilson Ferreira Aldunate pronunció un discurso que con el tiempo sería considerado histórico, al advertir sobre el quiebre institucional que estaba a punto de consumarse.
Cinco décadas después, el 27 de junio continúa siendo una jornada de memoria y reflexión. Más que recordar el inicio de la dictadura, la fecha pone en valor el compromiso de miles de uruguayos que eligieron resistir pacíficamente y defender las libertades democráticas.
A 53 años de aquellos acontecimientos, el Día de la Resistencia y Defensa de la Democracia reafirma la importancia de preservar las instituciones, fortalecer la convivencia democrática y transmitir a las nuevas generaciones el valor de la libertad, la participación ciudadana y el respeto por los derechos humanos.