Destacó que uno de los documentos fundamentales fue la declaración de Juan Ignacio Azarola Saint, que estuvo cautivo en el centro en el mismo período que Michelini y Gutiérrez Ruiz, que fue “el único que en algún momento declara que estuvo en un lugar con un médico comunista uruguayo que estaba enfermo y da un apellido ruso que no es exactamente, pero es una referencia inequívoca a papá”.
Los datos fueron confirmados en el marco de la megacausa por violaciones a los derechos humanos cometidos en el ámbito del Primer Cuerpo del Ejército durante la última dictadura argentina.
Esta causa es llevada adelante por el juez Daniel Rafecas y en ella se confirmó que, antes de ser asesinados, Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz estuvieron secuestrados en el centro de detención clandestino Bacacay -ubicado en la misma manzana que Automotores Orletti-, donde fueron sometidos a torturas.
Gutiérrez Ruiz y Michelini fueron detenidos el 18 de mayo de 1976 en un operativo ilegal y permanecieron cautivos en un sitio no identificado. Sus cuerpos y los de Rosario Barredo y William Whitelaw fueron encontrados dentro de un auto, el 21 de mayo de ese año.
La declaración de Gabriela Schroeder, hija de Rosario Barredo, fue uno de los elementos centrales para confirmar el secuestro de Michelini y Gutiérrez Ruiz en Bacacay. Aunque Schroeder tenía cuatro años cuando estuvo secuestrada, logró aportar datos específicos que permitieron identificar el centro clandestino, sostuvo Rafecas.
En la comisión investigadora parlamentaria, que se creó en 1985 para investigar los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz, Azarola relató: “Fui depositado, sentado sobre una silla en una habitación, cuya puerta era cerrada con llave. Hacia debajo de la venda se filtraba apenas luz eléctrica. Por la voces, calculé que seríamos unos seis o siete los encerrados en esa pieza. En la silla ubicada a mi izquierda, se encontraba un médico quien había residido once años en la ROU y había en el pasado estado afiliado al Partido Comunista uruguayo, entonces permitido por la Ley. Creo su apellido era Larencof... En varias oportunidades fue violentamente golpeado, especialmente en una ocasión en la cual se quitó la venda que cubría su vista, y en otra, cuando irrumpió un sujeto a quien apodaban ‘Coronel’, de voz ronca y amenazador de tortura y muerte para todos nosotros a quien le dijo Larencof: 'Usted no me levante la voz'”