Una noticia impactante
La reacción fue inmediata. “Mientras hablaba con el doctor Perciballe me largué a llorar sin parar”, recordó. A su alrededor estaban su hijo mayor —el hijo que esperaba cuando fue detenida— y sus nietos. “Mi nieto me decía: ‘Si es bueno, ¿por qué llorás? ¿Estás triste o contenta?’ Y mi otra nieta decía: ‘Está emocionada’. Y creo que era eso”.
La emoción, explicó, no se limitaba a una sentencia. También estaban presentes las personas que ya no pudieron verla. “No está mi suegra Amalia, tan divina, que bregó tanto por esto”, dijo conmovida. Para Zaffaroni, el fallo es el resultado de un trabajo colectivo que logró “derribar mil barreras de impunidad”.
“Estos 41 años no fueron estáticos”, sostuvo. “Los compañeros siguieron denunciando en pequeños lugares, incluso cuando la Ley de Caducidad bloqueaba todo. Cada vez aparecía una barrera nueva y parecía más alta”.
Aportes imprescindibles
La histórica militante destacó el aporte de investigadores, fiscales, abogados, organizaciones de derechos humanos y de quienes declararon durante años para reconstruir los hechos. Mencionó especialmente el trabajo del fiscal Ricardo Perciballe y recordó a la fallecida fiscal Mirtha Guianze, a quien definió como “una leona luchando por esto cuando todo iba en contra”.
“Este es un inmenso paso y al mismo tiempo un pequeño paso frente a todo lo que falta”, afirmó. También destacó el papel de las movilizaciones y del apoyo social. “Las marchas nos sostienen éticamente, moralmente y emocionalmente para continuar”.
Sin embargo, aclaró que la sentencia no cierra la herida. “En nuestro caso, la Justicia no trae la verdad total. No trae dónde están los desaparecidos. Los militares no reconocieron ni aceptaron lo que hicieron”, señaló.
Para Zaffaroni, el valor del fallo radica en que las mentiras construidas durante décadas comenzaron a derrumbarse gracias a los testimonios de las víctimas y sobrevivientes. “Fue un trabajo de hormiga. Ellos hicieron todo para mantener oculto lo que pasó, pero nosotros elaboramos una estrategia social que nos permitió poner nombres, caras y hechos, desmontando cada una de sus mentiras”.
Porque, para Elena Zaffaroni, la sentencia conocida no representa un punto final, sino una nueva etapa en la búsqueda de verdad y justicia para Eduardo González y para todos los desaparecidos de la dictadura.
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