Sin embargo, hay un punto de conexión en esta especie de dilema ergódico de saber si es lo mismo distribuir en el tiempo el ajuste o hacerlo al mismo tiempo en todos lados. Porque es bien probable que Lacalle Pou arranque todas las plumas que pueda en el menor tiempo posible, mientras que los medios de comunicación instalen el discurso de que se están haciendo “las correcciones” de forma gradual. Esa presumible discrepancia entre lo que hará el gobierno y lo que dirán los medios de comunicación que está sucediendo –a la que yo me anticipo a llamar “blindaje”– es una de las claves para dar sostenibilidad política y social a un programa de quita de derechos y redistribución regresiva de la riqueza.
El otro componente de la sostenibilidad es la represión. A mí no me preocupa que me acusen de desestabilizador por afirmar esto. Son imputaciones absurdas e interesadas del nuevo oficialismo. Para arrancarle las “plumas” –es decir, los derechos y conquistas– al pobre “pollo” –que es la gente–, primero hay que engañarlo para minimizar el conflicto, pero si el conflicto se desata igual, el viejísimo remedio de las clases dominantes es caerte a palos. Lo han hecho tantas veces y en tantos lugares del mundo que cualquiera puede pronosticarlo. Además, ellos mismos, en la ley de urgencia que proyectan, pero no revelan, planifican –según sus dichos– derogar el derecho a la ocupación de los lugares de trabajo como extensión del derecho de huelga, incorporar artículos que ya han sido rechazados en el plebiscito “Vivir sin Miedo”, entre otras posibles medidas que bien pueden justificarse por el lado de la seguridad pública y luego utilizarse para reprimir la protesta social, como en Chile, como en Ecuador, como en la Argentina de Macri, como en Brasil, como en Colombia, como en la Bolivia golpista, por citar ejemplos recientes y contemporáneos.
En consecuencia, el propósito del gobierno que se avecina es desplumar un pollo. Se debaten entre hacerlo gradualmente o de sopetón. Pero lo harán, mientras puedan hacerlo. Para eso vinieron. Sus más grandes aliados serán los medios masivos de comunicación. Y su instrumento, en última instancia, será el garrote si la resistencia social escala con la motosierra. El desafío de la izquierda es mantenerse unida, promover alternativas para morigerar el daño social, movilizar la defensa de los derechos y las conquistas, y no entrar, nunca entrar, en las provocaciones. El tiempo pasará y ninguna derrota es definitiva.