Así enviaron en medio de la cuarentena la Ley de Urgente Consideración con más de 500 artículos para producir un verdadero asalto legislativo al Estado y, simultáneamente, una ley de medios a las medidas de los canales privados que serán, junto con los periódicos tradicionales y las radios, los arquitectos del blindaje que necesitan para proceder, ocultar y denostar el legado de sus antecesores.
En condiciones normales, tengo la impresión de que esta ingeniería de manipulación social, que consiste en embellecer a la derecha y criminalizar a la izquierda y a las políticas públicas de los gobiernos del Frente Amplio, tendría un alcance limitado. Porque más allá de cualquier relato, empobrecimiento masivo de la sociedad, la pérdida objetiva de calidad de vida es una verdad que termina por imponerse a cualquier metáfora, cualquier figuración, cualquier largometraje de mentiras. Pero no estamos en condiciones normales; estamos en el medio de una pandemia que ha hecho estragos en la economía mundial, a la que le van a adjudicar todos los males sobrevinientes, los que le correspondan razonablemente, y los que no, los que deben adjudicarse a la políticas del gobierno.
Con todo, es improbable que a menos de tres meses de la asunción del nuevo gobierno haya cambiado significativamente la base social del oficialismo o de la oposición; lo que sí se ha alterado notablemente es el poder de fuego sobre la agenda. Es notable el control que tiene el gobierno, en connivencia con los grandes medios, sobre lo que se dice y lo que se discute en este país. Como ejemplos clamorosos: la supresión concertada de la crónica roja y la implantación de cadenas nacionales de hecho, que se justifican en la epidemia, pero se utilizan para otros fines, claramente políticos.
Mientras tanto, sigue avanzando con su obra de demolición y una curiosa estrategia de reapertura hacia la “nueva normalidad” que ignora, olímpicamente, lo que está pasando, no ya en el mundo, sino a nuestro alrededor, como si Uruguay fuera una isla remota construida de excepcionalidad. Y esto último ya no es solo del gobierno, o de la oposición, o de los medios: es un deporte nacional. Nadie registra que nuestros vecinos inmediatos, Argentina, Chile y Brasil, tienen un epidemia desatada por el nuevo coronavirus que se ha venido acelerando en las últimas semanas de modo alarmante, incluso en los territorios donde se aplica cuarentena estricta.