Fue justamente, en nombre de estas apreciaciones ideológicas, que el hoy juramentado presidente de la República excluyó a Venezuela, Nicaragua y Cuba como invitados a la toma de posesión, exclusión que, además, como se encargó de señalar el propio presidente Lacalle Pou, fuera una decisión personal, tan personal como el que regula las invitaciones a los cumpleaños privados, algo bastante inaceptable por parte de un presidente que recién ha dicho en la Asamblea General, que el que gobierna es un inquilino y que se debe a sus mandantes.
Y estos mandantes son los uruguayos todos, también aquellos de su partido y del resto de las colectividades políticas que, en cifras difícilmente calculables, no sólo recibieron la más reciente solidaridad de la República de Cuba en materia médica y educativa, sino que, además, en los tiempos más oscuros del país, fueron solidariamente acogidos en la isla como parte de la solidaridad internacionalista del gobierno de la isla que contribuyó, notablemente, a que las listas de detenidos, desaparecidos y asesinados no fuera más larga de lo que efectivamente fue en el Cono Sur en general y en nuestro país, en particular.
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