“Por culpa de los bancos, existen los pobres”, grafiteaba por algún muro.
Ese viernes contó a sus amistades de su nueva obra y de su necesidad de ir a sacarle unas fotografías, ya que el viernes no había podido.
Al otro día, el sábado 16 de febrero, a las 14 horas, salió de su hogar rumbo al muro ubicado en Rambla República de México y Belastiqui; llegó aproximadamente cuarenta minutos más tarde, fotografió su nueva obra con ansiedad de artista y se sentó en un murito a descansar del viaje en bicicleta.
Un minuto más tarde, caía fulminado herido de muerte, de un certero disparo en la cabeza, por la espalda.
En la finca lindera, sita en el 5679, en febrero del año pasado, vivían AJPA y su hijo AP con su novia (las pericias de Policía Científica concluyen que desde ese predio procedió el disparo) y según rezan los comentarios en el barrio, AJPA ostentaba ser portador de armas fuego con fines de caza; alguna vez se lo vio escopeta en mano y solía disparar con un rifle de aire comprimido a las palomas. Persona de relación conflictiva con algunos de sus vecinos, era viudo y vivía solo con su hijo menor, teniendo otro hijo mayor que reviste en la Armada Nacional.
AJPA fue procesado por tráfico interno de armas, ya que no se pudo comprobar que fuera el autor material del homicidio de PLEF, y su fallecimiento en mayo del año pasado, más el no hallazgo del arma calibre 22 utilizada, dejaron varias interrogantes sin responder.
En setiembre del 2020 ante el nulo avance las investigaciones, la familia de Felipe Cabral presentó el caso ante la comisionde Derechos Humanos de Diputados, que a su vez lo elevó a la Institución Nacional de Derechos Humanos.
La fiscal del caso sigue siendo la Doctora Mirtha Morales.