Las metas de descarbonización para 2050 que surgen de los acuerdos a nivel internacional con el Pacto de París han generado que el tema esté en las agendas a nivel global. Además de los compromisos medioambientales, la situación de crisis energética y búsqueda de alternativas que a su vez bajen costos y sean más sustentables ha llevado a acelerar este análisis y estos proyectos generando una nueva oportunidad para el continente latinoamericano, que se posiciona con un importante potencial para el desarrollo de esta alternativa. En este marco surgen las necesidades y las diferentes regiones que se posicionan como potenciales productores y demandantes. En un mundo donde la geopolítica y los capitales globales cuentan el análisis y las estrategias que se generen de parte de los actores gubernamentales, juegan también otros procesos.
América Latina se configura con un gran potencial como productor
El continente se posiciona como una de las regiones con gran potencial para producción de hidrógeno verde para consumo y para exportación ya que cuenta con importantes ventajas comparativas por la abundancia de agua, tierra y viento. Pero en la realidad no es un tránsito fácil y existen muchos procesos que deben darse en el camino, ya que hoy no está claro cuál es el mercado real que va a existir si bien ya se ha conocido potencialidad de demanda y las necesidades que puedan darse a nivel de otros continentes, por ejemplo, Europa. En el segundo Foro Global de Hidrógeno Verde, que se realizó en Argentina, la embajadora de Países Bajos en Argentina, Annemieke Verrijp, señaló que para 2050 se espera que haya “una demanda de 20 millones de toneladas de hidrógeno verde, de las cuales Europa solo podrá producir un 50%, debiendo importar el resto”. La región latinoamericana es una de las que mejor se posiciona para aportar en esta necesidad.
Si bien están señaladas estas estimaciones de demanda desde el punto de vista de la oferta, se ve el potencial, pero existen restricciones como ser altos costos de inversión, necesidad de infraestructura y falta de capital humano debidamente calificado. A su vez, hay una ausencia de regulación y evidencia concreta respecto de los impactos ambientales en cada uno de los casos.
A nivel de los gobiernos se han señalado estrategias y existen diversas experiencias y proyectos ya en curso en las que se observa una diversidad de avances a nivel de los países.
La región no puede avanzar en esta estrategia a nivel individual de cada país y solamente se ve viabilidad en la medida que existan acuerdos de cooperación y complementariedad que posicionen a la región como productor de hidrógeno verde. En este aspecto hay muchas limitaciones y necesidades de voluntades políticas.
Uruguay y el hidrógeno verde
Uruguay no escapa a esta realidad y ya se han generado anuncios y una llamada “hoja de ruta” presentada desde el gobierno en la cual se plantea una especie de búsqueda de estrategia para transitar hacia el desarrollo de la producción de hidrógeno verde para el uso y la producción. La propuesta es bien genérica, pero se puede destacar de la misma que un antecedente y potencial que tiene Uruguay, además de la disponibilidad de recursos necesarios es el tránsito que ha tenido en la diversificación de la matriz energética.
Recientemente se han anunciado algunos proyectos y este debe ser uno de los temas de mayor cuidado. Las formas de avanzar en estas inversiones, la regulación y los cuidados de los recursos ambientales, así como la soberanía que puedan darse en temas estratégicos como ser las energías, así como los recursos y los resultados de estas inversiones son la diferencia.
El potencial existe y el diferencial puede darse en cómo se concreten los proyectos y el rol que se asuma desde la regulación para concretar un camino sólido y que realmente aporte a generar una línea de desarrollo y de alternativa energética limpia.