Si bien la noticia que trascendió fue la vuelta del Ricardito, la realidad es que existen muchos otros productos que se ven afectados vía la pérdida de competitividad que tiene el país, así como de políticas para la promoción y desarrollo del sector industrial, donde la inserción internacional tiene un rol de relevancia.
La pérdida de competitividad viene afectando a la industria nacional mucho más allá de las fronteras. Al respecto, las alertas están planteadas principalmente en las implicancias del ingreso de mercadería proveniente de Brasil y Argentina, siendo que los principales productos afectados son alimentos, medicamentos y productos de limpieza industrial y domiciliaria y, de esta forma, parte importante de sectores que son bastante intensivos en mano de obra.
Un planteo que viene desde la industria y que es de relevancia es que, para Uruguay, la competitividad debe ser la prioridad, más allá de cualquier acuerdo. En los hechos plantean que el principal acuerdo es ser competitivo. Cuando se anunció el TLC con China en la actual Administración, la CIU junto al Pit-Cnt, cada uno con sus equipos, se tomaron en forma muy seria realizar trabajos y estudios a ser parte de los insumos para la negociación. Cualquiera de los dos informes resultantes son hoy insumos relevantes más allá del proceso fallido o falta de proceso que realizó el Gobierno. La preocupación por determinados sectores industriales y los puestos de trabajo es una realidad, así como la relevancia de otros destinos con impactos diferentes a lo que es el comercio con China actual y sus perspectivas. Al respecto, ambas instituciones son muy claras en la relevancia de la región, tanto en lo que hace a la inserción de la industria nacional como destino de producción, como por las implicancias en el mercado interno.
A la vez, existen otros desafíos tanto de la innovación como de los aspectos medioambientales que hoy se plantean para la industria. Y en momentos en que las políticas industriales, en la era de la IA, cobran relevancia, Uruguay se aleja desmantelando y flexibilizando políticas que siempre fueron relevantes para la producción nacional de bienes y servicios, como ser la defensa de la competencia, los incentivos, las compras públicas y, hoy, otra cantidad de líneas que son parte de las últimas realidades en materia tecnológica y medioambiental.
La matriz productiva y los agregados de valor que generen empleos de calidad son un desafío. Pero en un aniversario tan importante, que marca la larga historia de la industria en el Uruguay con su fuerte relevancia en la creación del empleo, la única política a celebrar no puede ser la modificación de la ley de negociación colectiva. Esto nos marca la falta de una política de desarrollo donde el sector industrial tenga el lugar protagónico que se merece. La vuelta del Ricardito no puede tapar las pérdidas que se están generado en materia industrial.