En general las opciones de Lacalle Pou en política internacional fueron todas pésimas y ninguna dejó nada para el Uruguay. Apenas podemos destacar su relación con algunos jeques árabes, que nos costó un caballo pura sangre, pero que sin duda lo más recordado para la gente es el despacho que le hicieron de pescado congelado y “otras cajas” misteriosas en un envío inexplicable por valija diplomática al jefe de la seguridad presidencial, Alejandro Astesiano: el fibra, hoy preso por asociación para delinquir, entre otros delitos inolvidables.
Al único que no le fue mal con la política exterior uruguaya es al narcotraficante Sebastián Marset, que logró un pasaporte vip, en tiempo récord, confeccionado en la celda y entregado en mano que le permitió salir de la cárcel de Dubai y profugarse hasta el día de la fecha, en otro de los groseros escándalos de este período. Al resto le fue mal, a saber: a Uruguay, que cada vez es peor calificado en los foros internacionales, a los exportadores, que observan el desplome de las exportaciones, y al propio gobierno, que no lo invitan a ningún lado, que cada vez se muestra más aislado y que, además, cuyo presidente carga con la mala reputación internacional de ser de jettatore, mufa, distribuidor internacional de mala suerte para aquellos cándidos que osen recibirlo.
Es curioso que toda su base social, tan militante de los acuerdos de libre comercio y una supuesta no ideologización de la política exterior, hagan silencio ante el desastre de improvisación que ha sido la cancillería y el lastimoso fracaso que se evidencia. Es curioso, sobre todo considerando que fueron tan duros con los gobiernos de izquierda, cuando esos gobiernos lograron posicionarnos bien en todos los ránkings y aumentar el número de países con los que teníamos relaciones comerciales a un máximo histórico. Seguramente nunca tengan la humildad de confesar lo que ya es obvio: este gobierno aperturista y pro mercado no logró nada, mientras que aquellos supuestos nostálgicos sesentistas, presuntamente tan cerrados y aislacionistas, nos pusieron en contacto con el mundo y hasta los reyes europeos y las estrellas de rock querían venir a sacarse una foto en la chacra de Pepe.