La gestión de Heber es incluso peor que lo que los números muestran, porque a esta altura es evidente que los números oficiales están ajustados a la baja con el ánimo deshonesto de maquillar la realidad. De otro modo, ¿cómo puede explicarse el crecimiento escandaloso de las así llamadas muertes dudosas? Todo sugiere que el rubro de las muertes dudosas ha crecido tanto como ha sido necesario para que el número de homicidios no se dispare todavía mucho más allá de lo que ya representa un promedio superior a cualquier gobierno precedente. Con esa estrategia de registro y con la sospecha extendida de que la Policía contabiliza menos, desestimula la denuncia y abate en la contabilidad lo que no puede abatir en la realidad, Heber se presenta en todos lados con un dudoso respaldo estadístico que es malo en lo que muestra, pero peor en lo que nos oculta.
Ahora bien, el problema de esta estrategia es que si bien la gente es crédula ante el avasallamiento de la propagada, la gente no es idiota y no se puede con pura manipulación de datos y dominio de los medios de comunicación construir un paraíso de un infierno. La proliferación de cuerpos descuartizados, la situación de barrios donde hay tiroteos todas las noches y la creciente e indisimulable actividad de bandas narcos no se pueden esconder con frases estúpidas que confrontan abiertamente con la realidad y un permanente revisionismo histórico para echarles toda la culpa de todas las cosas a los gobiernos pasados y a la mala disposición de los opositores.
Una reflexión aparte merece la actitud de Cabildo Abierto, que continúa en su estrategia de diferenciación con la coalición que integra. Por un lado, Cabildo se niega a respaldar al ministro, aunque es prácticamente imposible que vote su censura, pero no pierde oportunidad de tirar palos a la gestión anterior. Su lógica es simple: tienen que ser los distintos. Esa estrategia de diferenciación es la que consideran que les favorece en su propósito de construirse como alternativa a todo el resto del sistema político, pero como a la vez no pueden ni plantearse romper con la coalición, cacarean un poco, pero sin proceder hacia el punto de la ruptura. Cuánto entiende la gente de este posicionamiento sutil es un misterio. Al gobierno, por el momento, no le preocupa y a la oposición, por su parte, no le entusiasma ni le interesa. Cabildo es un actor constitutivo de la derecha uruguaya y la gente mayoritariamente lo percibe así. Lo más probable es que su suerte esté jugada a la valoración general de la coalición y, dentro de ella, aparece como un actor en declive con un futuro electoral complejo. Mientras tanto, lleva casi cuatro años bastante alineado y hasta la Rendición de Cuentas nada indica que eso vaya a cambiar. Después habrá que ver, pero después ya estaremos completamente inmersos en la campaña electoral y cada uno jugándose su destino.