El viernes, los estudiantes del liceo Zorrilla ocuparon el establecimiento. Pidieron diálogo, se oponen a la reforma, piden presupuesto y mejoras edilicias en su liceo, entre otras reivindicaciones. ¿Cuál fue la actitud de las autoridades? Les mandó a la policía a desalojar. El operativo a cargo del mayor Larrosa, jefe de la zona donde está el liceo Zorrilla, no escatimó en ostentación de fuerzas. Grupos de choque, armas largas, despliegue de grupos tácticos encapuchados con insignias de grupo Alfa, Bravo, operaciones urbanas tácticas, vehículos de gran porte, uniformes azules, camuflados, negros, escudos de tamaño familiar. Todo. Dentro y fuera del liceo, una nube de adolescentes profiriendo cánticos, visiblemente nerviosos, aunque contentos en su militancia, convencidos y valientes. No estaban dispuestos a que los corrieran a la fuerza. La directora del liceo, de sintomático apellido Videla, no se animaba a decir su nombre cuando se le consultaba, muchos menos a reconocer que ella había pedido el desalojo y se escudaba en circulares que prohíben que haga declaraciones. Ni siquiera podía decir su nombre, contar si estaba en contacto con las autoridades, o advertir si había resolución tomada en torno a la ocupación y el desalojo. Su apellido surgió de los cánticos de los estudiantes. “Videla, vos sos la dictadura” le cantaban los chiquilines y chiquilinas del Zorrilla, ingeniosos, sin duda, recordando ese apellido tan dramáticamente célebre en el sur del mundo, sobre todo en Argentina.
Mientras Robert Silva no renuncia, viaja a Mendoza en representación de la ANEP y recorre el país bailando para fotos, mostrando niños en una precampaña electoral obscena, utilizando un cargo que tiene expresamente vedada la participación política proselitista, la directora de Secundaria no atendía el teléfono, los jóvenes estudiantes resistían desde la mañana apenas pidiendo una entrevista con las autoridades. La entrevista la consiguió el consejero docente Julián Mazzoni, que logró reunir las voluntades del CODICEN para que los chiquilines sean recibidos el lunes. Fue Mazzoni el único consejero directivo central presente buscando una salida de diálogo para que no hubiese desocupación forzosa y chiquilines apaleados. El único que puso voluntad, en coordinación con la maestra Daisy Iglesias, representantes de Magisterio en el CODICEN de la ANEP. La directora de Secundaria, Jenifer Cherro, no atendía el teléfono; ella que seguramente había ordenado el operativo, y que no parece tener marcha atrás en su cerebro nostálgico; después de todo, es famosa desde que se pronunció a favor de la superioridad genética de los niños de Colonia por su ascendencia suiza y alemana, fama apenas superada por su currículum tuneado y sus declaraciones propias de un personaje de Capusotto.
Mientras tanto, en la Universidad, más de media docena de facultades permanecían ocupadas por la deprivación presupuestal a que el gobierno somete a la Universidad de la República. Arquitectura, Ciencias de la Comunicación, Humanidades, Ciencias Sociales, Psicología, entre otros gremios estudiantiles en conflicto, ocupando sus centros, mientras el Parlamento reasigna millones de dólares para destinarlos a las fuerzas armadas y proporciona un presupuesto cero a la educación superior.
He aquí una radiografía de un gobierno cerrado, retrógrado, sin ninguna capacidad de diálogo, en campaña electoral permanente y convencido de que su programa debe imponerse sin argumentos, contra todos y con fuerzas de choque. Un desastre tras otro para impulsar un proyecto muerto antes de arrancar, muerto en el único lugar donde debe vivir un proyecto educativo para poder prosperar, en el corazón de los estudiantes y los docentes.