Hace rato que vengo insistiendo con que no nos gobierna un elenco político ideológicamente lejano, sino una runfla. Pero nunca pudimos imaginarnos que llegaría a este punto, donde un senador está a punto de ir preso por explotación sexual de menores, otro senador ejerce a tiempo parcial su cargo mientras oculta la declaración jurada de su cónyuge a la Jutep, una senadora se la pasa insultando y amenazando en redes sociales, otro “cenador” (sic) destila odio en Twitter y justifica pasarse por el traste las reglas de tránsito, entre otras exhibiciones de un arrogancia sin sustento intelectual; dos ministro indagados por entregarle un pasaporte a un capo del narcotráfico, un ministro en pareja con una mujer imputada internacionalmente por lavar 70 millones de dólares, un intendente que defiende el trabajo infantil, otros intendentes que acomodan parientes como si las arcas públicas fueran de ellos y un presidente al que se le coló una asociación para delinquir en la Torre Ejecutiva, a cargo de su jefe de seguridad y que todo el mundo tiene la sensación de que zafa porque la que tenía que investigarlo no estaba para “inmolarse” y ahora, ya retirada, está lanzada a la carrera política en el partido del presidente (¡!).
Cuando la izquierda retorne al gobierno, algo que las encuestas anticipan y la sociedad mayoritariamente asume como lo más probable, no puede dejar de investigar todas estas cosas. Porque una cosa es no convertir el gobierno en una máquina de auditar, pero entre armar un ministerio de la venganza y no hacer absolutamente nada hay un trecho enorme. Es indispensable investigarlo todo, determinar hasta dónde llegó la podredumbre, porque luego de que dejen el gobierno, van a dejar también una cantidad de colocados, como una siembra extensa de sus cuadros, la más de las veces completamente inútiles, pero en ocasiones distribuidos para boicotear, como una infiltración masiva de impresentables, cuando no malhechores.
Hay que dar una lección de probidad y también una respuesta a la impunidad. Basta de usar el Estado como guarida, como instrumento para el clientelismo, porque un partido político es una herramienta para la democracia y no una agencia de colocaciones, un Manpower de adeptos y adictos con los recursos de la gente, cuando cada vez más uruguayos la pasan mal, no tienen para parar la olla o emigran porque no atisban un futuro dentro de nuestra patria.