La intención del herrerismo siempre fue esa en términos económicos, siempre fue favorecer a los “malla oro”, esto es, al capital, al empresariado más poderoso por la vía de aumentar sus oportunidades de negocios y disminuir sus costos, entre ellos el “costo salarial” y el costo impositivo, por lo que reducir el gasto público y social, el gasto previsional y disminuir los ingresos reales de los trabajadores públicos y privados no era más que el combo previsible en su diseño estratégico para cumplir con esa mitad de sus propósitos.
Si sabemos esto, ¿podemos decir que Lacalle Pou mintió en campaña electoral? Por supuesto que sí, porque era plenamente consciente de lo que hacía. Toda la campaña del presidente se basó en ocultar el contenido de su programa, incluyendo el contenido de la Ley de Urgente Consideración que ya tenía bastante claro desde mucho antes de la elección, y distribuir promesas que, o bien no tenía idea si iba a poder cumplir, como la del precio de los combustibles (su objetivo no era tanto bajarlos, como achicar, privatizar o suprimir Ancap), o bien ya sabía que iba a incumplir, como la de los impuestos o las referentes a la edad jubilatoria.
¿Por qué lo hizo? Porque la política económica de la derecha es, por definición, antipopular. Representan los intereses de los poseedores, de los grandes empresarios y en el capitalismo no existe algo así como la cooperación de clases. Hay una contradicción central entre el capital y el trabajo subyacente que se manifiesta por todos lados, y con ese dato se hace política. Como en la democracia el voto de todo el mundo vale lo mismo, una campaña de la derecha en un país como Uruguay, donde la vocación igualitarista es mayoritaria y la población valora el papel del Estado, es muy difícil hacerla con honestidad, porque con un programa neoliberal explícito no se ganan las elecciones.
Buena parte de la tarea de la izquierda es hacer pedagogía sobre estas cosas entre toda la población. Es lograr que las grandes mayorías identifiquen, más allá de promesas de campaña, dónde está representado su interés y dónde se representan los intereses de los contrarios. En términos tradicionales, crear conciencia de sí y para sí, una conciencia equivalente con la que tienen las clases altas, que rara vez se equivocan en su voto. Para hacer esto, hay que enfrentar el obstáculo de la comunicación dominante, que está al servicio de este poder real, y que va a blindar antes, durante y después a sus verdaderos representantes. Lacalle Pou no cumple sus promesas, porque nunca tuvo la intención de cumplirlas. Pero eso podíamos tenerlo claro todos los advertidos, y el problema central subsiste: todavía una parte determinante de la sociedad se come estas gambetas, se embala con ilusiones vanas, no logra discernir un discurso honesto de una vulgar truchada elaborada para engañar incautos.