Sin embargo, es en el tercer anuncio donde se observa prístina la indecencia: es que el presidente anuncia que se realizará la conexión con el río San José, en una obra que supone 20 kilómetros de cañería y estaciones de bombeo y anticipa que la obra estará culminada en 30 días. Si esto es así, ¿por qué no la iniciaron ni bien comenzaron a suministrar agua salada hace más de un mes? Pues es evidente que no la hicieron porque no quisieron poner los 20 millones de dólares que cuesta esa obra y se jugaron a esperar la lluvia -que no llegó- y no tomaron la decisión hasta que se vació por completo la represa de Paso Severino y tuvieron que salir corriendo a pedirle al MSP que autorice un salto sideral en las concentraciones de cloro y sodio, salto que el MSP no se atreve a autorizar porque implicaría dar vía libre a que se suministre agua casi marina no apta para consumo humano, ya no por consideraciones de sabor, sino porque excede en todos los parámetros los rangos máximos aceptables para considerar que el agua es bebible. Potable, por cierto, ya no era.
¿Queda clara la calaña de estos gobernantes? Ante la disyuntiva de autorizar una inversión menor frente a la gravedad de los acontecimientos o jugarse el todo por el todo a una solución espontánea y sin costos pero de plazo imprevisible, optaron porque la gente se jodiera para no poner un mango, hasta que lloviera o se agotara la totalidad de la reserva y con esa gigantesca mezcla de irresponsabilidad y error de cálculo agravaron la situación a un extremo que torna el escenario en un desafío técnico prácticamente imposible de manejar.
Mientras tanto, la oposición y sobre todo la Intendencia de Montevideo, donde vive la mayor parte de la población afectada, hacía propuestas o implementaba acciones que eran o bien ignoradas o bien vapuleadas por el gobierno, mucho más preocupado en echarle la culpa al anterior gobierno o en boicotear la gestión de la intendenta Cosse, preocupados por su potencial electoral, llegando al paroxismo de impedirle a la IM gestionar un crédito no reembolsable con el Banco Interamericano de Desarrollo, que no mueve la aguja de los programas de financiamiento del Estado, solo para evitar que la intendencia pueda hacer cosas que ayuden a la ciudadanía a afrontar esta catástrofe.
Todo este panorama provocado por la sequía y por la desidia de un gobierno que no quiso llevar adelante el proyecto de Casupá, entregado por Tabaré en mano y con financiación, solo tiene la virtud de mostrarlos de cuerpo entero como lo que son: personajes menores, que no les corre sangre sino un flujo de mezquindad, vertebrados por el rencor y que siempre que tienen que tomar una decisión lo hacen pensando en el ajuste y en los malla oro, en lugar de pensar en las necesidades de la gente corriente, a la que, y la evidencia es abrumadora, desprecian.