Para Cabildo, la ecuación parece ser una oportunidad para aprobar toda su agenda. Posicionado en el lugar de partido bisagra, con un pie adentro y un pie afuera de la coalición, quiere hacer valer sus votos y prácticamente se los ofrece en canje a blancos y colorados: si quieren que Cabildo vote este proyecto, es necesario que el gobierno apruebe otras cosas que tienen en carpeta. Una ya sucedió: la reparación a víctimas de la guerrilla, pero también quieren obtener la prisión domiciliaria para los mayores de 65 años, que liberaría a los represores confinados en Domingo, Arena y puede haber más. De hecho, puede haber tanta cosa como se les ocurra, en el caso en el que el gobierno realmente esté comprometido con los malla oro, o quienes sean el conjunto de acreedores de su propuesta, a sancionar esta ley a como dé lugar.
Mientras tanto, el Frente Amplio sigue difundiendo a la población el carácter antipopular de esta reforma jubilatoria que hará que la gente tenga que trabajar más años para poder jubilarse por menos plata que en la actualidad. La izquierda está convencida de que va a recuperar el gobierno y va a poder resolver en un Parlamento con otras mayorías buena parte de los peores efectos de la norma en caso de que se apruebe, aun cuando no todos, lamentablemente. Y a la vez, está convencida de que si el gobierno insiste con llevarla adelante, el camino electoral va a ser cuesta abajo, porque es imposible que la coalición pueda absorber el costo político de semejante expolio a los trabajadores en un tiempo tan corto como el que queda para verse en las urnas.
Es indudable que el gobierno fracasó si tomamos como media de éxito o fracaso las falsas promesas con las que se llenó la boca durante años de campaña, pero nunca deben analizarse exactamente con ese sistema de referencia los acontecimientos. El gobierno fracasó en términos de sus promesas, pero no necesariamente de sus intenciones: ha logrado beneficiar al poder económico a costa de la mayoría de la sociedad, que fue grosso modo para lo que vino, ahora bien, lo ha logrado sin poder sostener una expectativa de reelección, lo que indudablemente tiñe su estrategia de precariedad. El verdadero éxito para el gobierno habría sido hacer todo esto y más, pero sobrevivirlo. Avanzar a costa de una inmolación electoral es pan para hoy y hambre para mañana.
La izquierda, sin embargo, no debe caer en una euforia anticipada, primero porque el daño que ha hecho la derecha es mucho y, en segundo lugar, porque los cisnes negros existen en la política y el enemigo juega con cartas mucho más poderosas de lo que muchas veces se estima. Todo indica que el Frente va a ganar y va a ganar con claridad, pero es absolutamente indispensable que elabore un programa sólido para una reparación integral de todo lo dañado y un avance objetivo y sostenible en un proyecto de país solidario y productivo, que debe estar acompañado necesariamente de elaboración política y debate de ideas para que no vuelva a suceder un paréntesis reaccionario con las consecuencias sociales y políticas dramáticas que ha tenido el breve interludio de ultraderecha y degradación institucional que estamos, como pueblo, padeciendo en los supuestos mejores cinco años de nuestras vidas.