Pero donde sí prospera es en el ánimo condenatorio de la gente. Por eso la popularidad del presidente se ha desplomado en los últimos meses, incluso en los estudios de opinión pública de las encuestadoras que miden para la Torre Ejecutiva. La aprobación cae a la par que se conocen nuevas filtraciones. Y las filtraciones por conocer pueden ser abundantes. Y aunque no lo fueran, ya no es mucha gente la que le cree ni acá ni en el exterior, como surge de titulares en portales internacionales tan influyentes como The Financial Times.
Tan empinada es la caída, tan difícil de revertir, y es tan poco lo que tiene el gobierno para mostrar en cuanto a logros de gestión, que Lacalle Pou ha debido desandar en la camino de la petulancia y pedirle a Pepe Mujica que lo acompañara a la asunción de Lula (el único que importaba, porque la invitación a Julio María Sanguinetti solo puede explicarse como un mecanismo de no hacer tan dolorosa su derrota al diluirla en un sospechoso criterio de expresidentes con vida) para intentar aquietar las aguas y calmar la beligerancia del adversario. Muy lejos quedó aquel raid de medios en Argentina, donde llegó a la soberbia de preguntar al periodista de un medio extranjero qué era el Frente Amplio y puso en duda si seguía existiendo.
A la caída pronunciada de popularidad por los casos de Astesiano y Marset, ya irreparables y posiblemente todavía en curso, hay que añadir la caída que va a producir la aprobación de una reforma jubilatoria altamente impopular y el tercer año consecutivo de caída del salario real. El gobierno intenta que esa reforma se produzca, ya sin expectativa electoral. Es más, da la sensación que ya gobierna asumiendo la derrota y, simplemente, intentando avanzar en su proyecto lo más posible, porque perdido por perdido, ya no hay cálculo electoral que valga. Para la izquierda eso es un desafío, porque un gobierno que se sabe en caída libre se bate en retirada dejando todo en la cancha, puede hacer mucho daño, toda vez que la única contención era su esperanza de reelección, ahora disipada, desdibujada, casi extinta.