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Noticia destacada | coronavirus

El berrinche de los poderosos

por Andrés Bentancor

El lunes pasado el programa periodístico La letra chica, que se emite de lunes a viernes por TV Ciudad, dedicó el espacio a analizar cómo sobrellevó el sistema educativo el impacto de la pandemia del Covid 19. Para este análisis invitaron al consejero del Codicen Pablo Caggiani, al integrante del Comité ejecutivo de la FeNaPES profesor Federico De Palleja, a la doctora en economía Alina Machado y a estudiantes que contaron su punto de vista sobre el asunto. Los conductores de dicho programa informaron que también se había convocado a autoridades del gobierno, quienes por diferentes motivos declinaron la invitación.

Durante el transcurso de la emisión y luego de esta, algunos integrantes de la think tank Eduy21 manifestaron en la red social Twitter su desaprobación, al entender que dicha organización debía haber sido convocada. El economista Bruno Gili aseguró que no creía que fuera casualidad esta omisión, mientras que el maestro Juan Pedro Mir lo adjudicó a la mirada “clasemediera” de los integrantes de La letra chica. Más allá de lo anecdótico y disparatado que puede ser el planteo, propio de esta red social que impulsa debates tan intensos como fugaces, vale la pena despejar la escena y hacer ciertas consideraciones.

Desde su irrupción Eduy21 se convirtió en una referencia en materia de políticas educativas. Símbolo del respaldo que ostenta desde sus inicios fue la presentación pública, nada más y nada menos que en el Palacio Legislativo, con la participación de figuras políticas de todos los partidos. Eduy21 es constantemente consultada cuando desde las tribunas periodísticas se aborda la enseñanza y durante el proceso de discusión parlamentaria de la Ley de Urgente Consideración, contó con más tiempo de exposición que todos los sindicatos de la enseñanza juntos. Por otra parte, algunos de sus integrantes más visibles ocupan hoy roles de gobierno, sólo por nombrar tres: el Ministro de Educación y Cultura, Pablo Da Silveira, el presidente del Codicen, Robert Silva y la Directora Sectorial de Planificación Educativa del CODICEN, Adriana Aristimuño, los dos últimos invitados a invitados al programa en cuestión se excusaron de participar.

A qué se debe entonces esta embestida contra un espacio periodístico que osó no convocarlos, que decidió darle voz a otros expertos y, vaya novedad, a docentes y estudiantes. El Doctor en Educación Agustín Cano esbozó una explicación también en la red del pajarito. Para el docente universitario “ningún grupo académico del campo educativo (o de cualquier área), aun teniendo mucho que decir, se siente imprescindible. Pero, aunque se presente como un «grupo de especialistas», Eduy21 es otra cosa”. Y agrega “Ante las quejas, los/as periodistas terminan saliendo a explicar por qué invitaron a tal o cual. No pide explicaciones quien quiere sino quien puede. Y Eduy21 siente que puede…Eduy21 sigue, como por inercia, con una retórica de victimización, mesianismo y exigencias, que resulta muy discordante con su posición actual de aparato ad hoc del gobierno de la educación. Deberían hablar como conducción, no como pretendida exterioridad”.

Llama la atención además, que habiendo sido invitados dos de sus integrantes y a pesar de la una notoria difusión del tema que se iba a tratar – publicitado con al menos tres días de antelación-, la Think tank espere a la hora de la emisión y al día después para criticar el supuesto desplante. ¿Por qué no solicitó antes su participación? Es evidente que a Eduy21 no le interesa ser una voz más en un abanico de puntos de vista; suele ocupar los espacios con exclusividad y contar con medios de prestigio y masividad para hacerlo (basta con observar sus socios contribuyentes). De esta manera construye la idea de que su relato es la verdad.

Otra consideración que se desprende del suceso es la virulencia de los planteos y la apuesta a desprestigiar al emisor para atacar los argumentos. Anular un espacio de comunicación por “clasemediero”, pero, además, decir que esto es “el problema” de dicho espacio, no parece un argumento propio de una institución que se define como republicana, por el contrario, se asemeja más a lo que Pierre Bourdieu llamó tiranía de los expertos, que no negocian, sino que solo explican y que apelan a la supuesta irracionalidad de parte de los contendientes. Es curioso, pero cuando la autodefinida “iniciativa ciudadana” hace uso de los medios no los cataloga de “clasemedieros, o “oligarcas” o “clasebajeros”.

Más allá que, como dijimos, estos berrinches virtuales suelen ser fuegos de artificio, rimbombantes pero efímeros, es un precedente que amerita cierta alarma. Es toda una señal que una organización, que participa directamente en el gobierno, esté censurando contenidos periodísticos y denunciando cuando no es de su agrado el enfoque de turno. ¿Dónde queda la libertad de expresión si los periodistas son presionados y no pueden elegir con independencia los contenidos de su trabajo? El ejercicio del periodismo implica siempre un recorte de la realidad. En una sociedad plural como la nuestra es comprensible que, como sucede en Educación, haya muchas voces válidas y que no siempre sea posible amplificar a todas. Sin embargo, hay quienes creen que unas voces valen más que otras. Es necesario estar atentos, porque en esos pensamientos totalitarios es donde se comienza a socavar la democracia.

Más allá del pequeño conventillo virtual los desafíos que tenemos por delante son de tal magnitud que no podemos permitirnos divisiones entre los que entendemos la Educación como esencial para la transformación de la sociedad. Con un horizonte de recorte presupuestal en la educación pública, que afectará de forma drástica las condiciones de los estudiantes de menores recursos, así como la infraestructura de los más de 3.000 centros educativos, es de suma importancia que un líder de opinión de la talla de Eduy21, se exprese y ponga de manifiesto que la organización es rotundamente contraria a estos recortes. A pesar de los matices, es de esperar que exista consenso en que es necesario un piso presupuestal de 6% del PBI para ANEP y Udelar más el 1% para investigación y desarrollo, recursos indispensables para seguir generando los cambios que se necesitan para garantizar una educación pública de calidad.

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