La campaña termina sin grandes novedades electorales: todo indica que el Frente Amplio ganará por amplio margen en Montevideo y Canelones, como viene sucediendo hace muchos períodos, y estará en la disputa (con ventaja) en los departamentos del litoral y en Rocha, como también viene pasando desde hace años. Las comunas históricamente blancas seguirán, probablemente, siendo blancas, y el departamento de Rivera seguiría siendo gobernado, cual bastión solitario, por el Partido Colorado. En principio, no cabe esperar un cambio sustancial en el mapa político del país.
Terminada esta elección, elegido el conjunto de autoridades que regirán los próximos cinco años, quedará definido el cuadro de gobierno que tendrá que hacerse cargo de un período muy complejo y seguramente muy amargo, en un Uruguay que ya no tiene nada que ver con el Uruguay en el que vivíamos hasta el año pasado. Ingresaremos de lleno en el debate de una ley de Presupuesto Quinquenal diseñada para el beneplácito de las élites económicas y de espaldas a las necesidades de la gente común. Una ley con prioridades equivocadas, pero que ya cuenta con votos suficientes para ser aprobada en el Parlamento por los legisladores de la coalición multicolor, que serán, por lo tanto, responsables de las nefastas consecuencias que tendrá este proyecto sobre las principales obligaciones del Estado: la educación, la salud, la vivienda, las políticas sociales y hasta la Justicia, la seguridad y las empresas públicas.
Para la izquierda, esta elección tiene una importancia que se agrega a la trascendencia habitual de cualquier elección departamental; le permitirá conocer el punto de partida para la impresionante tarea que tiene por delante: nada menos que resistir. Resistir el señoreo del neoliberalismo en una acepción más radical que cualquiera de las que haya gobernado antes, furioso, porque a su programa habitual de ajuste, dólar alto y salarios bajos lo completa el aditamento de la venganza. No hay que olvidar que, ante todo, nos gobierna un rencor.
El punto de partida no se restringe a la distribución de intendencias, ni al desempeño electoral sumado de todas sus candidaturas en todo el país, también involucra el elenco ejecutivo que, junto a la principal bancada del Parlamento, ofrecerá los nombres claves en el futuro próximo. No serán todos, pero estarán allí muchos de los nombres más relevantes de los años venideros, los que tendrán que liderar el complejo proceso de la autocrítica y de la renovación indispensable. Además, esta elección señalará la dimensión exacta de la derrota de noviembre pasado, cuál es su profundidad ya no institucional sino objetiva, en el territorio y entre la gente. No será lo mismo si retiene las intendencias en disputa que si pierde pie en todo el interior del país.
Con todo, es improbable que la izquierda retroceda mucho más de lo que ya ha retrocedido, incluso si perdiera intendencias que hoy gobierna, y la reconstrucción obligatoria tendrá que comenzar desde el primer día, de modo sereno pero impostergable. A partir del domingo debe iniciar el camino para volver.