Dentro de los conceptos vertidos en el bloque Evaluación Crítica y Autocrítica lo mas resaltable plantea: «es claro que el escenario de 2004 no se repitió en las siguientes elecciones de 2009 y 2014, y mucho menos en la de 2019. Ni hubo un grado de acumulación política superior -que debió haberlo en función de los logros obtenidos- ni lo hubo a nivel social -que también debió haberlo, no solo por los inmensos logros cosechados para ciertos sectores sociales, entre ellos los trabajadores, sino porque el pequeño comerciante o el trabajador por cuenta propia o los sectores medios se vieron favorecidos. No se mantuvo con los aliados ni se tejió con los nuevos actores una alianza para defender los logros alcanzados. Los éxitos electorales, aunque porcentualmente cada uno menor que el otro, permitían lograr el gobierno, pero no nos dejaban ver la desacumulación política y social que, paso a paso, iba sucediendo. Hay que reconocer que no fuimos capaces de crear conciencia social en un grado suficiente como para que la gente se apropiara de los logros alcanzados y tampoco supimos ayudar a crear conciencia de que esos logros estaban fuertemente vinculados a las políticas públicas que emergían de un proyecto de país diferente (…) Las alianzas políticas se descuidaron porque el FA era imparable, y las alianzas sociales no se alimentaron porque por momentos nosotros creíamos saber más de las reivindicaciones o problemas que tenían los actores sociales que ellos mismos. En definitiva, perdimos pie en nuestra base electoral, pero sobre todo nos alejamos de la base social que permitió el triunfo en 2004 (…)También desatendimos otras señales, como la caída de la participación en las elecciones internas que se registró período tras período y mostraba dificultades crecientes para convocar o entusiasmar a nuestros propios militantes como había ocurrido en ocasiones anteriores (…)Nos afectó el burocratismo -por llamarlo de alguna forma- que llevó a que en muchos casos se priorizara el desempeño formal de la tarea de gobierno desentendiéndose de la labor política, lo que debilitó al FA como estructura y ámbito de discusión y debate. En algunos casos, como en ciertos departamentos en los que accedimos a la Intendencia, este debilitamiento fue especialmente importante en estructuras pequeñas, con escasez de cuadros y formación (…)es necesario reafirmar y no olvidar el rol central de la ética en nuestra visión y ejercicio de la política, y ser conscientes que eso requiere atención especial a nuestras actitudes y comportamientos. En algunas circunstancias apreciados compañeros y compañeras no registraron que ejercer un cargo público es una responsabilidad de primer orden. Cuando algún frentista se apartó de ese camino, las más de las veces nuestra reacción fue defender al compañero a rajatabla o aceptar de plano, como buena, su versión. Aunque tuviera razón, no se sopesó políticamente que, de permanecer en la función que desempeñaba, erosionaba la visión que muchas personas podían hacerse de nuestra fuerza política»
En cuanto a las Perspectivas se plantea una nueva etapa «Esa nueva etapa debe construirse sobre una base programática amplia y elaborada por consenso, evitando de todas formas que sea meramente una expresión electoral resultado del rechazo a lo que está. Hay que buscar de todas formas que nos una un programa nacional y popular no sólo el espanto al modelo conservador, neo-liberal y excluyente. Es necesario que detrás de la propuesta programática exista un programa de cambios acordado políticamente y sustentado socialmente. Eso implica evitar a toda costa los perfilismos en la acción política de corto, mediano y largo plazo, sobre el convencimiento que sólo el FA en su conjunto y desde su diversidad es capaz de construir tanto las condiciones para conquistar el gobierno como aquellas necesarias para gobernar».
El documento concluye señalando, «A esas tareas fundamentales para el Frente Amplio -el relacionamiento y diálogo estrecho con sectores sociales y políticos, acompañar y conducir la resistencia pacífica y preparar la nueva era progresista- se le agrega la conmemoración durante todo el 2021 de los 50 años de nuestra fuerza política. Ese momento histórico debe transformarse en una oportunidad para combinar la recuperación de la mística frenteamplista hacia adentro con un nuevo diálogo fecundo con toda la sociedad, dejando en claro que somos una parte fundamental de la democracia uruguaya actual».