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El neoliberalismo es corrupción

El desafío era no hablar de la corrupción tradicional; es decir, del enriquecimiento ilícito recalcitrante y flagrante de cada día por parte de los neoliberales de turno, sino hacer un recorrido desde la historicidad reciente. Macri no es solo un corrupto que les grita «corruptos» a los demás, sino que es la cara visible de toda una inmensa maraña de saqueadores seriales.

Por Martín Adorno

 

“Dejen hacer, dejen pasar… o no se metan en los asuntos privados, exacerbadamente privados; fanáticamente míos… Y privados”.  Víctor Hugo -Morales- suele citar a Juan Jacobo Rousseau, quien aducía que, “desde el momento en que alguien le puso un cerco a un trozo de tierra y dijo ‘esto me pertenece’, al tiempo que otro alguien legitimaba aquella trampa bajo un hálito de propiedad, el mundo fue otro”.

Rousseau bregaba por un Estado gestionador del conflicto de voluntades, ya que si bien el hombre nace libre, sus ataduras son múltiples, y es plausible de ser corrompido por la voracidad de una sociedad que no colocara los intereses del pueblo por encima de los individuales.

Por el contrario, el peculio individual, apuntalado por latifundismos o mediante la concentración y aglomeración de los medios de producción en pocas manos, fue una premisa con la que aquel liberalismo primitivo de los siglos XVII y XVIII se enfrentaba a las posibilidades de control de un Estado coercitivo o de cohesión, según quién mire.

La legislación sobre la Revolución Industrial había abierto los senderos para que la acumulación del capital, basado en la posesión de aquellos medios de producción, se robustezca como un modelo de egoísmo, en desmedro de una prole que aumentaba las riquezas ajenas, con su fuerza de trabajo, pero que no gozaba del acceso a ellas.

Pasaron más de 100 años, con intentos fordistas y tayloristas en el medio, entre guerras, hasta que el neoliberalismo irrumpió en la escena mundial conculcadamente. En nuestro continente, primero con el asesinato de Salvador Allende, el 11 de setiembre de 1973. Luego, el advenimiento de las políticas llevadas adelante por tándem Reagan-Thatcher dan por finalizada la inauguración de este período.

Por definición, un modelo de acumulación y concentración de recursos en pocas manos requiere de cierta connivencia legitimadora, de una gran porción de medios de comunicación masiva y de la sociedad.

Las dictaduras del último cuarto de siglo pasado en Sudamérica no fueron más que peldaños de un usufructo desmesurado, voraz y asesino. Necesariamente, ergo, corrupto.

En la Argentina de fines de los 70, la deuda externa pasó de 4.500 millones de dólares a 47.000 millones. Se estatizaron deudas de empresas privadas afines a la dictadura de Videla y la familia Macri pasó de tener siete empresas a tener 47, en 7 años. Desde entonces, Mauricio Macri pretendió gobernar desde la antipolítica y el odio clasista, asegura Gustavo Campana, historiador, periodista, escritor y coconductor de Víctor Hugo en La Mañana, AM 750, todos los días desde San Telmo, Buenos Aires, para el resto del país.

 

El fracaso del hombre que no sabía perder

“El presidente argentino viene de dos familias que integran el poder real, acostumbradas a que nadie puede animarse a decirles que no. Dato esquivo a los fundamentos de cualquier formato democrático. Los puntales de su árbol genealógico son los Blanco Villegas y Franco Macri. La primera de las dos ramas es oligarquía terrateniente nacional, los dueños de la tierra a partir del siglo XIX y, por ende, los que creen tener título de propiedad sobre la vida y la muerte de los seres que la habitan. En la segunda aparece el empresario italiano sin escrúpulos”, introduce Campana.

Entre los hitos del presidente Macri están, según el periodista, el cierre del primer año de gestión con el descubierto gemelo (fiscal y de cuenta corriente) más importante de los últimos 20 años y fue el bufón del paso sin gloria del G20 por Buenos Aires. Pero, además, “con él volvieron los presos políticos; abanicó el cadáver del fiscal Alberto Nisman para demonizar a la oposición; apostó a la persecución judicial de Cristina Kirchner para proscribirla; extranjerizó la tierra y las finanzas; alquiló Vaca Muerta -la reserva de petróleo más grande del país y una de las más importantes del mundo- a las multinacionales y apostó fuerte a dinamitar las políticas de integración política continental, al tiempo que terminó con los ministerios de Salud, Ciencia y Trabajo; lleva en el lomo las muertes de Santiago Maldonado, Rafael Nahuel y los 44 marinos del ARA San Juan”, relata.

Gustavo escribió Prontuario, no hay neoliberalismo sin traición y Culpables. En ambos textos recorre el derrotero de engaños, estafas, falacias y corrupción por parte del poder real, como mecanismos de enriquecimiento ilícito, y opresión.

Es domingo de tarde y en el patio interno de la radio los zorzales arman su propia emisora paralela. Gustavo toma un mate y continúa narrando: Macri asumió como jefe de Estado en modo patrón; ordena siempre, castiga cuando quiere, no tiene ley y se enriquece a costa de los pobres, pues las dos vertientes de su familia están acostumbradas a que todo hombre tiene precio como cualquier objeto en vidriera.

Y aunque casi cuatro años después, “su figura deshilachada fue despedida por millones de obreros a través de las urnas, como un nene caprichoso al que le quitaron su juguete preferido, al día siguiente de las PASO habilitó una devaluación feroz contra el país que no le pertenece. Se sintió Nerón por un día”, concluye.

Las últimas imágenes del naufragio son: fin de fiesta con globos amarillos, con millones de desocupados, deuda externa con bono a 100 años, marginalidad y hambre, todas efigies de la época macrista en Buenos Aires. Cae con él un nuevo intento neoliberal en nuestro continente, pero esta vez atendido por sus propios dueños, arremete.

A partir del acuerdo-2018 con el Fondo Monetario Internacional, en Argentina asumió la conducción de la Casa Rosada “el que nadie votó”, afirma. “A casi dos años del comienzo de su gobierno, y después de estrellar el país contra la economía de mercado, Macri entrega el poder de manera anticipada a un elenco de titiriteros con sede en Washington”, manifiesta el periodista.

Sucede que, desde el 10 de diciembre de 2015, “la derecha apuró tanto la transferencia de recursos que en la mitad de su mandato se comió todos los tiempos políticos y gran parte de su capital electoral”, argumenta.

Con un entrenamiento cotidiano, meticuloso y sagaz, Campana tiene los datos siempre frescos y a tiro de buen crupier, lanza cifras escandalosas como si nada: “Macri tomó deuda nueva por casi 200.000 millones de dólares y se convirtió en el mejor cliente del Fondo Monetario Internacional -61% de los dólares que el FMI tiene distribuidos por el mundo se los prestó a Argentina- y dejará el poder con 40% de pobres y 15% de desocupados; el doble de lo que recibió del kirchnerismo, en ambas áreas”, completa.

 

Con su clara eufemística, Campana resuena con un “los Macri son un clan familiar que llegó al gobierno con la estela corrupta de su labor empresarial, como integrante del elenco veterano de la ‘patria contratista’. No solo fueron socios de la última dictadura en el negocio de la basura, también han sido contrabandistas de autopartes a Uruguay, dueños de decenas de cuevas offshore para lavar o evadir, cuentas millonarias en el exterior, y deudores de un canon millonario por la privatización del Correo en los años 90”.

El universo de derechos que el kirchnerismo construyó para la clase pasiva, fue herido de muerte por tres medidas claves del macrismo: el fin de las moratorias, la reparación histórica y el cambio del cálculo de aumento.

A las moratorias se la reemplazó por la “Pensión universal”, un formato destinado a que el jubilado nuevo, sin aportes completos, gane 80% de la mínima. Por lo tanto, con un título rimbombante, el neoliberalismo le robó 20% a trabajadores que pasaron gran parte de su vida laboral en “negro”, es decir en empleos no registrados, un flagelo que desde hace muchas décadas está vigente en Argentina.

“La reparación fue la excusa noble para estafar a los jubilados, de la mano de una hipocresía política pocas veces vista en la nueva democracia. La norma fue utilizada para el blanqueo de capitales (solo declaración, no repatriación) y cuando la norma votada no incluía a familiares directos, fue reformada por decreto presidencial para que pudieran ingresar los casi 70 millones de dólares de Gianfranco Macri, hermano presidencial. ¿Qué tul?”, pregunta Gustavo.

Y “como si fuera poco, Macri se va después de generar, con la banda presidencial en el pecho, negociados sin intermediarios como parques eólicos y peajes, y hasta el periodista Alconada Mon (diario La Nación) lo denunció por apretar empresarios para sacarles 1% de su capital en la campaña 2015”, estira.

 

Patear el hormiguero

Para Campana, el triunfo de Macri en 2015 significó la nueva derechización de los sueños y las políticas de Estado. “Cuando se sentó en el sillón de Rivadavia, el país retrocedió 40 años en apenas siete días. La transferencia de recursos regresiva, comenzó con la eliminación total de las retenciones a las exportaciones agrarias y una reducción de 5 puntos a la soja. La ilegitimidad de muchos de sus actos fueron bautizados por la decapitación de la Ley de Medios de Servicio de Comunicación audiovisual y dos jueces de la Suprema Corte nombrados por decreto”.

El regreso de la deuda externa, luego de una década de desendeudamiento, marcaba rápidamente dos cosas: hipotecar con un asiento contable a generaciones de argentinos y convalidar la herencia positiva que significó reestructurar y pagar la fiesta del neoliberalismo 1976-2001, relata el historiador.

“Llevaban una semana gobernando, cuando el verde superó la barrera de los 14 pesos y la devaluación fue del 40”, grita Gustavo.

Macri está dispuesto a terminar su mandato con una caída de la moneda argentina con relación al dólar de más de seis veces. “Ese fue el primer paso para alterar la distribución del ingreso y bajar la estatura de los sueldos en el costo empresario, y ya está dado. Por eso, los capitales golondrinas comenzaron a hacer las valijas y ordenaron sacar pasaje a Buenos Aires”, explica.

Pero hay más, sigue Campana. “Por la eliminación de los subsidios a los servicios públicos, que arrancó con electricidad, agua y gas, más la dolarización, los tarifazos para las empresas amigas que “colaboraron en la campaña”, terminaron rozando el 4.000%”.

El macrismo demostró por tercera vez en los últimos 43 años de historia argentina, que el neoliberalismo es incompatible con la democracia.” Esta reformulación setentista del rol que antes tuvieron conservadores  y liberales de “nuevo” ya no tiene nada y, en realidad, nunca creyó en las libertades políticas”, sentencia.

El modelo, aunque aggiornado, sigue siendo el de siempre; se trata de un formato que no tiene variantes de aplicación. “La misma receta solo garantiza el resultado final al que están acostumbrados los sudamericanos desde que ingresó a la vida del continente aquel 11 de setiembre de 1973”, opina.

“Como mucamos del establishment, los gerentes locales encargados de la ejecución le garantizan al mercado global una zona liberada gigantesca: compradores compulsivos del stock manufacturero del norte y reino de la especulación financiera ilimitada, convirtiendo a los países del sur en una gran mesa de dinero”, cuestiona Campana.

Se trata de una doctrina económica basada en la transferencia de recursos del pueblo a las corporaciones, “por lo tanto, es una filosofía que amenaza de muerte el espíritu del sistema democrático (el país de “un hombre un voto” o “el gobierno del pueblo, para el pueblo y para el pueblo”)”.

Un proyecto destinado a ensanchar los privilegios de las minorías en detrimento de los derechos colectivos, es una declaración de guerra a la República, rubrica Gustavo, y embiste: “Se nos cagan de risa en la cara: la fase caníbal del capitalismo propone en pleno siglo XXI, teoría del derrame, apertura indiscriminada de importaciones, deuda externa impagable, flexibilización laboral esclavista, privatizaciones y el regalo de los recursos naturales mediante la geografía ocupada, la identidad domesticada, la cultura subordinada y las lenguas prohibidas; es decir, seres esclavizados”.

La tarde avanza, el historiador no cesa de informar y nutrir, y viceversa, a sabiendas de su memoria borgesina, podría continuar, como Funes, el memorioso, con la memoria que, al decir de León Gieco, “pincha hasta sangrar a los pueblos que la amarran y que no la dejan ser, libre como el viento”.

Los gobiernos populares pelean por distribución de la riqueza, desarrollo de la industria nacional, independencia económica, derechos laborales, empresas del Estado al servicio del proyecto de país, créditos al servicio de la producción y la soberanía del subsuelo. “Ese es el sueño que tuvo como punto de partida a los pueblos originarios latinoamericanos y que nació combatiendo las viejas categorías europeas que aún operan como residual virreinal”, sentencia Gustavo.

 

Batalla cultural

El pasado y la memoria son tesoros que la derecha siempre devaluó por necesidad, apostando al país amnésico. “Para el neoliberalismo, la historia adulterada es la herramienta para desclasar a millones de hombres y mujeres indefensos. Y Cambiemos -Macri- percibió que le sobraba legitimidad para poner la heladera en el living, el inodoro en la cocina y la tele en la terraza. Pero a poco de andar, el país empezó a quedarle incómodo, aunque la derecha ya había parido una democracia rara, chiquitita, casi imperceptible”, argumenta.

La mayoría de los proyectos políticos terminan su ciclo en virtud de sus aciertos. Nunca mueren producto de sus errores. El escritor sostiene que “los gobiernos populares son atacados cuando el poder económico se asquea de la ampliación de derechos. Las administraciones liberales terminan encerrados en su propio laberinto al completar la transferencia de recursos y se van a casa con los deberes hechos y un país quebrado. Nadie se equivoca. Ni ellos ni nosotros”, concluye Campana.

Él sabe bien que el neoliberalismo es, ante todo, corrupción. Pero también sabe que, aunque el neoliberalismo genere insomnio, los sueños son otra cosa.

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