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El papa y su mensaje político contra el sálvese quien pueda y la fragmentación social

La visita del papa León XIV puso sobre la mesa el debate sobre la fragmentación social, el individualismo y la naturalización de la pobreza.

La visita del papa León XIV a Uruguay deja mensajes que exceden a los creyentes religiosos: la fragmentación social, el individualismo del “sálvese quien pueda” y un consumo desmedido que empobrece la vida en común. Todo ello junto a la naturalización y la estigmatización de la pobreza que baja estratégicamente desde el poder económico.

La imagen de Artigas

Nacido en Estados Unidos y formado en Perú, con una fuerte conciencia latinoamericanista, el Papa eligió para este análisis el país más laico de la región que defiende con celo fundacional la separación entre la Iglesia y el Estado. Yal vez por ello, desde que pisó suelo uruguayo, su lenguaje fue más social que dogmático., recurrió al nombre de Artigas y a su gesta para hablar del peso de las desigualdades y de sus consecuencias: la falta de oportunidades, la pobreza, la salud mental y el aislamiento social.

La elección de Casavalle como escenario central puede leerse como un mensaje político. Al ir a uno de los barrios más estigmatizados de Montevideo, el Papa interpeló a un orden económico que naturaliza la pobreza y la desigualdad.

Una sociedad fragmentada

El Estadio Centenario, templo laico del fútbol uruguayo, fue el escenario de su discurso más incisivo ante una multitud de fieles. Sin abandonar el lenguaje religioso, León XIV habló de las encrucijadas de una sociedad fragmentada. Su presencia no apuntó a reclamar viejos fueros ni hegemonías perdidas. El foco estuvo en la convivencia, en las lógicas del consumo y en el vaciamiento de la vida común bajo el dominio del mercado.

Sus palabras sonaron, además, como una reivindicación de las minorías comprometidas éticamente frente a la indiferencia de las mayorías. “Pequeñez no es insignificancia”, planteó.

Contra la tiranía del número

En un escenario global de crisis de representación y sacralidad del poder económico, el mensaje puede leerse como un desafío a la lógica de lo mayoritario, a la relevancia de lo colectivo y el nadie se salva solo; y a la necesidad imperiosa de resistir el pensamiento único.

Al dirigirse a los jóvenes, el tono fue de contestación ética a un sentido común que entroniza el éxito personal y la comodidad individual. Frente a ese modelo, propuso “hacerse los últimos” y entregar tiempo, dinero y comodidad al servicio de los demás, aun cuando ser justo y honrado tenga un precio.

León XIV termina este domingo su paso por Uruguay y más allá de las creencias religiosas, su visita no pasará inadvertida.

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