Ese proceso no ha ocurrido en la izquierda. A pesar de los pronósticos de que el PT sufriría un proceso similar, el partido ha resistido muy bien bajo el liderazgo de Lula. Ocupa el lugar central de la izquierda en la polarización política nacional. Se mantiene como el partido con la mayor bancada en la Cámara de Diputados. Ha elegido o reelegido sus gobernadores en el nordeste de Brasil, región donde el PT, en alianzas con otros partidos, ha elegido o va a elegir a los nueve gobernadores. El PT sigue liderando la izquierda, con alianzas con algunos partidos en primera vuelta, con todos en segunda vuelta.
No se ha dado el proceso que el PSDB ha sufrido en la derecha. El partido que pudiera ocupar el lugar del PT, el PSOL, ha aumentado su número de diputados, pero sigue sin tener el gobierno municipal o de provincias. Asimismo su candidato a presidente de Brasil, un político de mucha calidad, Guiherme Boulos, líder del Movimiento de los Trabajadores sin Techo, ha tenido apenas 4% de los votos, el peor desempeño de un candidato del PSOL a la presidencia.
El PT y el fortalecimiento de la derecha
¿Qué relación tiene el PT con ese fortalecimiento brutal de la extrema derecha? Este fenómeno es claramente la reacción rabiosa de las elites brasileñas. También de amplios sectores de las capas medias a las inmensas conquistas de las clases populares durante los gobiernos del PT. Aunque no se trata de una revolución. Es el mismo mecanismo de surgimiento de procesos contrarrevolucionarios como reacción a los procesos revolucionarios.
Si los gobiernos del PT no hubieran logrado introducir transformaciones importantes en las relaciones de poder, la derecha no tendría necesidad de una reacción tal radical. No movilizaría todos los recursos de los que dispone, legales e ilegales, para enfrentarse a la posibilidad de retorno del PT al gobierno.
La campaña del PT se basa en el objetivo de convencer a la mayoría de la sociedad brasileña de que se trata no de tener armas en la mano, sino un libro en una mano y un bolso de trabajo en la otra. La de Bolsonaro se apoya en el planteamiento de que habría que resolver los problemas de Brasil por la fuerza, por la discriminación y por el recorte todavía mas grande de los derechos de los trabajadores.
Lo que ha sido decisivo es la monstruosa campaña de la extrema derecha. Basada en las iglesias evangélicas y alimentada por una máquina gigantesca de fake news y de robots. Esta ha logrado imponerse haciendo que la campaña adversaria se quede en la defensiva. De esa manera tiene que volcarse para contestar e intentar desenmascarar la serie de acusaciones y versiones falsas que se diseminan a cada hora. Una actividad que el Superior Tribunal Electoral ha afirmado que es incapaz de impedir. Es una nueva modalidad de campaña. Pasa a ser parte integrante de la guerra híbrida, como nueva estrategia internacional de la derecha.
Aun con toda esa monstruosa campaña, una encuesta hecha ahora, en segunda vuelta, confirma todo lo que se sabía antes. Si pudiera ser candidato, Lula ganaría con tranquilidad a Bolsonaro. Esto hace que la elección brasileña sin Lula se vuelva un fraude.