Pero la realidad acumula nuevos acontecimientos que deben ser incorporados al análisis para entender lo que está pasando en la opinión pública, y salir del relato mágico de la aprobación omnipresente y perpetua. Y no me refiero a la realidad en términos de la evolución objetiva de los indicadores sociales o una valoración ecuánime sobre ganadores y perdedores de este año y medio. Como todo el mundo sabe, los estados de opinión tienen una relación no siempre lineal con los datos duros. Me refiero justamente a qué está pasando por la cabeza de la gente, porque todo lo que se manifiesta y aflora es inexplicable desde el mundo de Narnia que nos están vendiendo.
Observemos el paro general de este miércoles. Por lejos, fue el paro más significativo de los últimos años, con una movilización que repletó más de 10 cuadras de avenida Libertador y tres más de circunvalación del Palacio Legislativo. Cuadras que son muy anchas, muy difíciles de llenar y que, en general, no se llenan nunca, salvo en actos políticos contados en plena campaña electoral. El Pit-Cnt no solo movilizó decenas de miles de personas, sino que logró una participación verdaderamente nacional, con una caballada de cientos de jinetes, una presencial rural real, metiéndose de lleno con la base social que reclaman para sí, como si fuera un feudo privado e inalcanzable, los estancieros que sostienen este gobierno.
El paro tuvo consecuencias inmediatas. La aspiración de los empresarios de contratar con salarios por debajo del laudo fue guardada en un cajón en la tarde. El gobierno salió en masa a acusar de “política” a la medida sindical, apuntando a un sector de la ciudadanía donde la palabra “política” es mal vista y la propia vocación de los gobernantes no se usa como elogio sino como un insulto. Pero es un argumento liviano, irrelevante, de poco vuelo. Acá lo notorio es la movilización en sí, el frenazo al planteo de las cámaras empresariales y la cuerda floja sobre la que pende el proyecto de desmantelar el Instituto Nacional de Colonización. Todo eso sucedió con la medida de ayer que, nuevamente, sorprendió a un gobierno que parece no entender que abajo ha crecido y seguirá creciendo un descontento majestuoso. Por el momento, siguen gobernando como si la gente se parara a aplaudirles cuando los ven desde la vereda. No han escarmentado, y tal parece que no lo harán hasta que el referéndum ponga las cosas en su lugar.