-Estamos con mucho trabajo. Venimos de unos años buenos para la construcción y tenemos perspectivas de mantener esa actividad durante los próximos dos o tres años.
La Liga está centrada, básicamente, en los subcontratos. Reúne a empresas pequeñas y a distintos rubros, como electricistas, sanitarios, ascensoristas, carpinteros y herreros. Actualmente, las obras están cambiando su organización: se trabaja con un contratista principal de estructura reducida y una gran cantidad de subcontratos. Eso hace que buena parte de la responsabilidad y de la carga de trabajo recaiga sobre nosotros.
¿La ecuación económica de la construcción depende de las exoneraciones fiscales?
-Sí. Hoy es impensable que una persona construya sin algún tipo de exoneración, porque la ecuación económica no cierra. Puede tratarse de la Vivienda Promovida, antes llamada Vivienda de Interés Social, o de los beneficios de la COMAP para grandes proyectos, entre otras herramientas.
Los inversores comparan la rentabilidad de la construcción con otras alternativas, como los bonos del Tesoro estadounidense, y evalúan los riesgos de cada opción. La construcción tiene sus riesgos, pero también ofrece solidez: quien compra un apartamento sabe que está invirtiendo en un bien material. Esa característica sigue siendo una garantía.
Sin embargo, la ecuación económica del sector depende en buena medida de las exoneraciones fiscales.
La Liga y las obras viales
¿La Liga tiene mucha participación en las obras viales?
-Muy poca. Las obras viales utilizan mucha maquinaria y tienen una incidencia menor de mano de obra. Para tener una idea, en un edificio de viviendas la mano de obra representa entre el 40 % y el 50 % del costo, mientras que en una obra vial puede situarse entre el 15 % y el 30 %, dependiendo del proyecto. Además, son trabajos más específicos. La Liga está mucho más vinculada a la vivienda y a la arquitectura, aunque también participa en obras públicas edilicias, como hospitales.
¿En el sector de la vivienda se mantiene un buen nivel de actividad?
-Sí. Hay perspectivas, muchos proyectos y numerosas cotizaciones. Este año tuvimos un período de incertidumbre durante la negociación del convenio colectivo, pero después la situación se acomodó y la actividad retomó su curso.
También se está construyendo en zonas donde antes no resultaba rentable desarrollar proyectos. Eso es, justamente, uno de los efectos de la Vivienda Promovida: permite que los precios sean más accesibles y que la inversión llegue a otros barrios. Cordón y el Centro de Montevideo, por ejemplo, crecieron mucho. Hubo una época en la que se construía principalmente en Pocitos. Actualmente, allí se desarrollan menos proyectos porque no se aplican los mismos beneficios fiscales de la Vivienda Promovida. Existen otras herramientas para grandes inversiones, como las vinculadas a la COMAP, pero son instrumentos diferentes.
Las exoneraciones permiten que se desarrollen proyectos que, de otro modo, posiblemente no se realizarían. Si en una zona no había actividad, la recaudación fiscal era prácticamente nula. Con la inversión, el Estado obtiene ingresos y, además, se movilizan la construcción, el comercio y otros sectores. Una obra genera actividad que va mucho más allá de los trabajadores que participan directamente.
Convenio colectivo
¿El nuevo convenio colectivo a cinco años puede darle estabilidad a la industria?
-Creemos que sí. Se logró un convenio a cinco años, algo histórico, que debería dar estabilidad para que los empresarios puedan adaptarse, incorporar tecnología y desarrollar sus empresas.
Tenemos que trabajar y buscar soluciones constantemente para que la actividad funcione. Consideramos que el convenio puede ser positivo y permitir que la industria continúe desarrollándose.
¿Qué proyectos y propuestas tiene la Liga? Hace unos años se habló de crear un centro de capacitación. ¿En qué está esa iniciativa?
-Todo gira en torno a la productividad, un tema que también adquirió mayor relevancia en el último convenio colectivo. La productividad no consiste en exigir más esfuerzo a los trabajadores, sino que depende de muchos factores: la capacitación, las nuevas tecnologías, los procesos de trabajo y la coordinación con los proveedores, entre otros.
Desde la Liga impulsamos un proyecto que llamamos centro de experimentación, aunque todavía no logramos concretarlo. La idea es disponer de un espacio donde se puedan reproducir a escala real los nuevos sistemas constructivos, documentarlos, auditarlos y capacitar a trabajadores y técnicos.
Los sistemas constructivos han evolucionado mucho y seguirán haciéndolo. El problema aparece cuando se combinan materiales y sistemas sin evaluar adecuadamente su compatibilidad. Hemos visto soluciones que presentan fallas, incluso en viviendas cooperativas y proyectos del Ministerio de Vivienda.
Contar con un centro permitiría probar esas soluciones antes de aplicarlas, generar información y capacitar a quienes trabajan con ellas. También sería un espacio para que el Poder Ejecutivo y el Ministerio pudieran evaluar los sistemas y conocer sus resultados.
Además, queremos fortalecer la formación de los trabajadores. Tenemos un convenio con UTU y estamos desarrollando un sistema de pasantías para que los estudiantes puedan tener experiencia laboral antes de terminar sus carreras. La idea es que realicen una pasantía en alguna empresa subcontratista y lleguen mejor preparados al mercado de trabajo.
Aunque todavía no contamos con el centro físico, desarrollamos otras actividades de capacitación y formación. También promovemos la Feria de la Construcción, que se realiza cada dos años y permite mostrar nuevas herramientas, materiales y tecnologías.
Trabajamos, además, con instituciones como las facultades de Arquitectura e Ingeniería y con centros de formación técnica. Buscamos generar sinergias para que arquitectos, ingenieros, técnicos y empresarios puedan adaptarse a los cambios.
La tecnología avanza muy rápido. Lo que se aprende hoy puede quedar desactualizado en poco tiempo, por lo que la formación debe ser permanente. El centro de experimentación sería un proyecto de gran alcance y necesitaría el apoyo de distintas instituciones. Nuestra aspiración es que se convierta en un espacio de referencia para la industria.
Cambios en la industria
¿Cómo impactan los cambios en los sistemas constructivos en las empresas de la Liga?
-Lo que vemos es que las empresas deben adaptarse a los cambios tecnológicos. Si no logran hacerlo, corren el riesgo de quedar fuera del mercado. He visto muchas empresas fundirse, incluso en una industria que atraviesa un buen momento.
No es que la Liga tenga un impacto directo y uniforme, sino que todos estamos en una carrera para mantenernos actualizados. Cuando una empresa no logra acompañar los cambios, puede terminar desapareciendo. Por eso insistimos tanto en la capacitación de los trabajadores, los técnicos y los empresarios: necesitamos evitar que se pierdan actores de la industria.
¿Qué importancia tiene la productividad para el futuro del sector?
-Es central. La productividad tiene muchas dimensiones, incluida la mano de obra. Hoy existen herramientas y tecnologías nuevas que los trabajadores deben aprender a utilizar. Si no se adaptan, pueden verse perjudicados, pero también las empresas y toda la cadena productiva.
En la Liga tenemos una particularidad: muchos de nosotros somos empresarios que trabajamos directamente en las obras, codo a codo con los técnicos y durante toda la jornada. Conocemos de primera mano las dificultades y las necesidades del sector.
Tenemos que avanzar hacia una mayor productividad para que las empresas mejoren y la industria pueda sostenerse. Si no acompañamos los cambios tecnológicos, corremos el riesgo de quedar atrás. Ese es uno de los principales desafíos que identificamos y sobre el que estamos trabajando.