Fidel Castro es un líder político y, en tanto líder político, tiene un pensamiento. Separar el pensamiento de la acción política sería absurdo. Me es más difícil verlo como un pensador, como puede ser Carlos Marx, o como otros que también fueron pensadores, como Vladimir Lenin o Rosa Luxemburgo. Creo que hay ciertas operaciones, no lo digo en sentido despectivo, como formas de concebir el lugar del líder de una revolución como un pensador. Eso ha sido parte de cómo la revolución en el siglo XIX y en el XX ha construido a sus líderes. Pero yo veo a Fidel Castro, fundamentalmente, como un estratega político, un estadista, un líder político que obviamente tiene componentes intelectuales, ideológicos y que va construyendo un pensamiento a lo largo de su trayectoria. Pero no creo que sea un pensador extremadamente original en la historia del marxismo. No sé si hay una contribución intelectual en la historia del marxismo que uno pueda decir: "Esta es la contribución de Fidel Castro". No es que lo niegue a priori.
Me parece que tiene más que ver con estas estrategias de cuando se homenajea a los líderes de las revoluciones. Hay mucho de que el líder también es el pensador. Y esto lo podemos decir desde Artigas hasta Simón Bolívar, hasta Lenin, Stalin, Ho Chi Minh, Mao Tse-Tung. Todo líder de una revolución tiene que ser un pensador. Es una forma de juntar los dos paquetes, que en términos históricos fue parte de cómo las revoluciones se vieron a sí mismas.
En el caso de Fidel, ¿cuál sería la contribución al pensamiento que hizo?
Habría que pensarlo un poco. Puede ser que haya elementos que tienen que ver con lo intelectual, en los cuales él hace una construcción original. Igual, a mí me parece que Guevara, en ese sentido, es más un pensador que Fidel Castro. Por lo menos, hace contribuciones específicas a ciertas cuestiones en la segunda mitad del siglo XX, como contribuciones al tema de la estrategia política. Todas las discusiones de los 60 que él plantea, en su error o en su acierto, sobre la guerra de guerrillas. Allí hay una reflexión teórica, intelectual, que trasciende al caso cubano. Eso después se va a discutir en todas partes del mundo.
Y después, por ejemplo, todos los debates que plantea Guevara en torno al socialismo y el hombre nuevo y la construcción de una sociedad. A partir de ahí hay toda una reflexión intelectual que también trasciende la revolución.
Un pensador tiene que tener textos canónicos que construyan un pensamiento que lo trascienda y que vaya más allá de la construcción del régimen; textos que de alguna forma tienen una pretensión universal.
Y en el caso de Fidel Castro es más difícil encontrar esos textos. Hay discursos muy interesantes pero que dan cuenta de cómo se va construyendo la revolución, primero en Cuba, en América Latina y luego en el mundo. Y son textos más políticos, que tienen más que ver con la constitución de un actor político a nivel global.
Ahora que se están editando en La Habana libros con discursos de Fidel, da la impresión de que es un pensamiento que se va construyendo en la medida en que el proceso va avanzando y adaptándose a él...
Puede ser por ahí también. Claramente. En realidad, no es un tipo que haya hecho obras, libros. Sí hay textos que después se transformaron en emblemas o en textos que tienen cierta pretensión más política. "La historia me absolverá" es un clásico escrito por Fidel Castro, que circuló como libro por muchas décadas y que es un texto muy importante. La "Declaración de La Habana" también. Pero nuevamente, no son libros.
Ahora, cada vez hay más preocupación por meterse en los discursos de Fidel y tratar de ver cuál es el pensamiento, porque es un pensamiento que va variando a lo largo del tiempo, que se va adaptando a diferentes circunstancias históricas de la Guerra Fría, fundamentalmente.
Yo creo que el primer Fidel es un Fidel que podríamos llamar un demócrata liberal, de tono social, como un progresista de finales de la Segunda Guerra Mundial. Un tipo de pensamiento que en América Latina fue muy influyente. Incluso en Centroamérica tenía mucho peso esta idea de la lucha contra las dictaduras.
Fidel participa en la Legión del Caribe, que es una suerte de red de gente que después va a terminar en diferentes lugares ideológicos, pero que a fines de los 40 se ve como parte de una red que lucha contra las dictaduras. Y ahí también Fidel tiene cercanía a cierto progresismo estadounidense. Eso después se va desarmando a medida que se inicia la Guerra Fría. Pero Fidel en la historia más o menos sigue teniendo una perspectiva de una democracia liberal, con tono social, con ideas de nacionalismo económico muy de la época. Y también como muy atento a experiencias populistas. Que es otra dimensión que Fidel.
Ese primer Fidel está muy al tanto de la experiencia peronista, por ejemplo. Y ve a Perón con sentimientos encontrados. Hay algo que valora muchísimo: el antiimperialismo.
Por otro lado, ve otras dimensiones más cercanas al neutralismo en la Segunda Guerra Mundial, ese tipo de cosas. Está ese primer Fidel, que es el que llega, que triunfa, básicamente. El Fidel del Movimiento 26 de Julio es ese que también, por otro lado, cada vez se va radicalizando hacia la izquierda, cada vez va desarrollando más su antiimperialismo.
Pero a la vez sigue teniendo una impronta, en algunos sectores del 26 de Julio, que va a seguir hasta después de la revolución, bastante anticomunista.
Y después del triunfo de la revolución hay un proceso sobre el que se ha escrito muchísimo. Y hasta hoy es difícil arrojar luz, y es uno de los grandes temas en la discusión historiográfica sobre la revolución: la transición hacia el marxismo. Hacia el marxismo-leninismo. Lo que pasa en América Latina entre 1959 y 1962 es un gran tema y muy interesante para estudiar. Porque efectivamente, la Revolución cubana tiene una adhesión enorme en América Latina.
Y esa transición que hacen en Cuba, que se da en el marco de la crisis, de todos los procesos de incremento de la presión estadounidense y la cercanía con la Unión Soviética, va a tener un impacto enorme en toda América Latina. Yo he trabajado sobre varios grupos, por ejemplo, que eran muy anticomunistas y que decían: Quieren hacer creer que la Revolución cubana es comunista. Y dicen: “Denunciamos estos intentos de vilipendiar a la Revolución cubana”. Pero después, cuando Fidel Castro se define marxista-leninista, esta gente también va en esa dirección. En muy pocos años se da un proceso bastante radical de conversión ideológica.
Y decía que incluso es un tema para entender cómo se da esa conversión ideológica. En el caso de Fidel, me parece que es donde está más claro que es una conversión ideológica pragmática, o sea, más vinculada con la política que con la ideología.
Por ejemplo, en el caso del Che, si bien el Che no era prosoviético, sí tenía una cercanía al marxismo mucho más clara en términos intelectuales. Y Raúl Castro parece que efectivamente era el que estaba más cercano al PSP (el Partido Comunista) y que también, ya desde el triunfo de la revolución, está cercano a la Unión Soviética.
Entonces, hay un segundo momento, de adopción del marxismo en los 60, pero un marxismo que todavía sigue siendo un marxismo bastante abierto, no necesariamente prosoviético. De hecho, el marxismo de Fidel Castro es un marxismo que durante los 60 va a tener varios momentos de conflicto con la Unión Soviética.
Después de la Crisis de los Misiles, por ejemplo...
Clarísimo. Cuando uno lee, tiene una agenda mucho más radical que los soviéticos, dice: "Si tenemos que sacrificar Cuba por la revolución mundial, no hay problema".
Y después, bueno, en Angola también se da ese conflicto muy evidente con la posición de la Unión Soviética relacionada con Latinoamérica.
Después, en los 70, tenemos otro momento en términos ideológicos, que es el momento más prosoviético, digamos, porque se da fundamentalmente a partir de la constitución y de la creación oficial del Partido Comunista Cubano, donde Cuba se instala en el bloque soviético, en un contexto de fracaso de los proyectos revolucionarios de América del Sur, de América Latina, digamos. Ya directamente Cuba es un país más del bloque soviético, y es un marxismo mucho más ortodoxo el que adopta.
Y eso va a durar hasta la caída del muro (de Berlín), cuando deriva en una nueva forma de socialismo, de estilo martiano, como alternativa a la crisis del socialismo, pero también con conexiones con el comunismo, porque plantea la idea de un partido único.
Entonces, como que hay diferentes momentos ideológicos en la historia de Fidel que son bastante evidentes.
Antiimperialista
Dentro de ese panorama, ¿existen o se pueden identificar algunas líneas que sean permanentes?
Sí. Creo que claramente el tema del antiimperialismo es clave. Es el gran tema que le da a Fidel el lugar que tiene en América Latina. O sea, Fidel es el máximo líder antiimperialista del siglo XX, es la figura que condensa mejor la denuncia del lugar de Estados Unidos en esta región y también que muestra que es efectivo en la lucha antiimperialista. Y eso es algo que es bastante interesante y en eso creo que Fidel efectivamente conjuga muchas cosas, muchas tradiciones.
El antiimperialismo de Fidel Castro es una mezcla de nacionalismo revolucionario, eso que algunos historiadores llaman para referirse a corrientes ideológicas en el siglo XX que hay en América Latina que no necesariamente vienen de la izquierda marxista.
La Revolución mexicana es el primer momento de nacionalismo revolucionario, donde se plantea la cuestión de la nacionalización de los recursos estratégicos, como un conjunto de ideas que están en América Latina muy presentes y que la revolución cubana las toma directamente. Vienen de ahí.
Algunos elementos hasta culturales de los latinoamericanos frente a los sajones, que también vienen desde (José Enrique) Rodó, de la reforma de Córdoba, de todo esto. Incluso hay un historiador que a mí no me convence del todo, pero tira algunas cosas. Un historiador italiano que se llama Loris Zanatta, que habla algo de lo católico frente a los protestante. Tiene un libro, "Fidel es el último rey católico", donde afirma que este condensa la sensibilidad latinoamericana católica frente a los protestantes.
Después, la crítica al imperialismo como fenómeno. La crítica marxista al imperialismo. Todo eso está expresado en Fidel.
En América Latina hay una tradición antiimperialista, en toda la primera mitad del siglo XX, muy fuerte, plural, de gente que viene de diferentes sectores. Y, de alguna forma, en la segunda mitad del siglo XX, el que condensa toda esa tradición, que cruza todas esas tradiciones, es Fidel.
Y de hecho, eso hace algo bastante interesante: cómo la izquierda latinoamericana va a juntar a gente extremadamente diversa a través de esta idea del antiimperialismo. Gente que viene de tradiciones políticas bastante diferentes, que se unen en esta cuestión del antiimperialismo, vinculado a una experiencia concreta, que es la Revolución cubana. En Uruguay encontramos a (Enrique) Erro, a (Ariel) Collazo, que vienen del herrerismo, y también gente que es comunista, y socialista. Todos unidos en la solidaridad con la Revolución cubana.
Y eso yo creo que es el principal eje ideológico y político de Fidel, y lo que le da el estatus en el siglo XX e incluso en el siglo XXI, donde muchos que tienen visiones ideológicas muy diferentes a Fidel lo respetan, incluso no lo critican por esto, porque es el que construyó un proyecto antiimperialista y lo mantuvo en el tiempo.
Y, por otro lado, un proyecto que tuvo una dosis enorme de latinoamericanismo. O sea, la Revolución cubana no solo fue luchar contra el imperio, sino construir una idea de comunidad regional, que fue muy importante. En la revolución, desde los 60 en adelante, hay una suerte de identidad latinoamericanista, que se construye a partir de la revolución, y que con Fidel va a seguir incluso hasta el siglo XXI, con el momento progresista, con (Hugo) Chávez, todo ese asunto. Bueno, el Foro de San Pablo, o sea, estas cosas que denuncia Marco Rubio, pero que tienen que ver con construir una comunidad latinoamericana, que no es solo la defensa de Cuba, sino la idea de una Latinoamérica unida.
Estas ideas sobre el latinoamericanismo y el antiimperialismo, para mí, son el principal aporte.
Fidel y la revolución
Ahora, Fidel y la Revolución cubana se paran también en una realidad marcada por la desigual relación entre América Latina y Estados Unidos. ¿Cómo se aprecia eso en la acción y el pensamiento político?
El país más marcado por el imperialismo estadounidense, desde la propia independencia, es Cuba. Un proceso cubano que se da en el marco de una guerra entre España y Estados Unidos. Y gran parte de la reflexión política durante la primera mitad del siglo XX en Cuba tiene que ver con eso, el gran asunto de la política cubana: la relación con Estados Unidos.
Incluso el imperialismo estadounidense llega mucho más tarde en otras zonas de América Latina. En América del Sur, en Uruguay, Argentina, Chile, a fines del siglo XIX, principios del siglo XX, el tema era Inglaterra. De alguna forma, todo este antiimperialismo antiestadounidense que se va a ir construyendo en Cuba es anticipatorio de cosas que van a ocurrir en la segunda mitad del siglo XX.
Creo que eso todavía hace que lo de Fidel Castro sea más valorable o que los contemporáneos lo vean como más, porque justamente esto de combatir, interpelar y desafiar al imperio en el lugar más cercano, y eso es lo que le va a dar un estatus mayor.
El hombre Fidel cumple 100 años. Si uno pasa raya a todo esto, dice: ¿Hay algo vigente de lo que venimos hablando de ese pensamiento? ¿Hay elementos que están vigentes?
Yo creo que la discusión sobre la relación entre los Estados y los imperios es una discusión vigente. En términos más geopolíticos, la relación entre América, la relación de los países latinoamericanos y con Estados Unidos ante otros posibles imperios en el futuro.
La idea de Tercer Mundo también. O sea, la cuestión sobre el orden mundial y la relación entre imperios y colonias es un tema que tal vez hace 20 años pensábamos que no estaba tan vigente y hoy asoma con una brutalidad enorme. Y que incluso, insisto, hoy es Estados Unidos, pero puede ser China; no sabemos hacia dónde vamos. Estamos en un mundo muy incierto.
Y creo que Fidel, de alguna forma, encarna la reflexión sobre el antiimperialismo latinoamericano durante la segunda mitad del siglo XX. Creo que es un gran tema. La experiencia cubana da para pensar cosas en términos de la solidaridad. Hay asuntos que creo que están vigentes.
Después, las discusiones sobre socialismo son discusiones que tienen cierto nivel de vigencia. Ahí hay discusiones de los 60 sobre cómo construir una sociedad alternativa al capitalismo, que son muy interesantes. Creo que Guevara hizo aportes más importantes que Fidel.
Hay también un tema que es polémico y que es una gran discusión, que sería interesante no plantearla en forma maniquea, que es la discusión sobre la democracia. Una discusión que la Revolución cubana habilitó y canceló a la vez.
Habilitó en el sentido de decir: Bueno, las democracias liberales de la Guerra Fría no eran tan democráticas, en el sentido de que varias de ellas, en gran parte de América Latina, terminaron siendo dictaduras, y cuando eran democracias liberales al estilo de lo que se proponían, proscribían a los partidos comunistas, proscribían a los sindicatos y, a la vez, eran profundamente desiguales. O sea, la cuestión de la relación entre democracia política y democracia social.
Creo que hay críticas de la Revolución cubana a otros procesos políticos que pueden ser justas, pero también es cierto que el proyecto de la Revolución cubana no terminó generando una sociedad más democrática, por lo menos en la discusión, en los elementos políticos y en los elementos sociales. Por momentos logró eso, hoy claramente no. Hoy tiene que ver muchísimo con el tema del bloqueo y con este sitio, que es mucho más que bloqueo. Pero creo que ahí también es interesante. Para esas experiencias hoy es necesario pensarlas de manera crítica y no tomarlas en torno de blanco y negro, tomar elementos y, bueno, pensar qué problemas también tuvieron ellos.
Se está escribiendo mucho sobre cómo los cubanos tampoco impusieron un modelo político a otras experiencias que apoyaron; o sea, Cuba apoyó claramente la Unidad Popular de Chile y no le impuso una agenda de cómo construir un régimen político en Chile. La revolución nicaragüense tampoco. La revolución nicaragüense fue, hoy tiene mala prensa por lo que ha pasado después, pero fue una revolución claramente democrática, que de hecho cedió el poder por vía democrática.
Y los cubanos ahí tampoco impusieron su modelo político. El proceso quedó entrampado en ciertas formas autoritarias, pero no se intentó promover ese modelo como un modelo universal, cosa que en otros casos había pasado.
Eso nos plantea el desafío de construir sociedades más justas dentro de marcos democráticos. ¿Hoy nos sigue planteando ese desafío?
Uno de los problemas de todos esos debates era la diferenciación entre democracia política y democracia social. Creo que hoy está bastante claro en el mundo que puede haber un divorcio radical entre la democracia política y la democracia social.
Uno puede tener democracia política y puede funcionar relativamente bien. Sí hay condiciones para que la gente participe en condiciones de relativa igualdad, para que todos seamos parte de esa democracia.
La izquierda en los 60 claramente discutía la democracia política porque decía que no había democracia social y que en realidad terminaba siendo una dictadura de los sectores poderosos en términos económicos. Y yo creo que ese dualismo no funcionó. Creo que un proyecto democrático es un proyecto que tiene que incorporar la democracia social y política.
Hay un problema que ya se discutía a principios del siglo XX y del que Cuba no se salvó, que es el problema del pluralismo. Porque uno puede reconocer ciertos marcos, uno puede reconocer esta idea que Fidel decía al principio de la revolución: "Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada", como diciendo: Bueno, dentro de la revolución vamos a dar un marco de debate plural. Pero ese marco se fue encogiendo cada vez más.
Entonces, fundamentalmente a partir de los 70, cuando se plantea la idea de que está el partido, está la voz del partido, o sea que hay una sola voz que legitima, ahí ya se desarma la posibilidad de la diversidad de opiniones.
Pero si tuviéramos que hacer un resumen, ¿cómo resumiríamos entonces estos 100 años?
Creo que el principal legado político de Fidel son sus ideas y su práctica antiimperialista. La principal contribución de Fidel a la historia latinoamericana en la segunda mitad del siglo XX tiene que ver con su denuncia y la posibilidad de mostrar una alternativa al imperialismo estadounidense de la Guerra Fría.
Más allá de ese modelo alternativo, que tuvo luces y sombras, momentos más exitosos y momentos más críticos, creo que fue la clave que llevó a Fidel a posicionarse como un estadista a nivel regional y creo que a nivel mundial, porque esta cosa tan básica y simple, que la hemos escuchado 20.000 veces, es realmente cierta, o sea, fue una pequeña isla que logró interpelar el poder de Estados Unidos durante, por lo menos, 50 años.
Esto funcionó bastante; después empezó a estar muy interpelado y creo que ese es el principal valor histórico de la figura.