Para la expresidenta Dilma Rousseff (2011-2016) los jueces y procuradores brasileños están acabando con el país, en referencia al juez Sérgio Moro y a los investigadores de la Operación Lava Jato.
«El país, sus empresas y personas inocentes (el expresidente Lula) están siendo sacrificados por el ansia de poder y gloria de algunos jueces y de un grupo de procuradores», escribió la exmandataria izquierdista en su cuenta de la red social Twitter.
Por su parte, la senadora y expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) demandó la libertad y el fin de la persecución del exmandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011).
«La acusación contra Lula se desmoronó; Tiene que finalizar la persecución contra él y debe recuperar la libertad», manifestó Cristina Fernández desde su cuenta de Twitter.
Gobierno resta importancia
Sin embargo desde el gobierno la opinión no ha variado. El vicepresidente de Brasil, Antônio Hamilton Mourão, minimizó la publicación de conversaciones privadas entre el actual ministro de Justicia, Sérgio Moro, y los fiscales de la Operación Lava Jato.
«Una conversación privada es una conversación privada», dijo, añadiendo que las declaraciones están descontextualizadas y que Moro, quien enjuició y condenó a Lula, sigue gozando de la confianza del presidente Jair Bolsonaro.
Moro «es una persona que, dentro del país, tiene el respeto de una parte enorme de la población, dadas las encuestas de opinión que le dan popularidad», dijo Mourão, citado por la Agência Brasil.
Bolsonaro no se pronunció sobre las informaciones publicadas el domingo por el portal de noticias digital The Intercept Brasil, con base en una masiva filtración de documentos.
(En base a Sputnik y Página/ 12)