¿Por qué se descartó el túnel?
Según explicó Bergara, la decisión de optar por una solución en superficie no fue caprichosa.
Sus argumentos son que existirían menos riesgos de atrasos ya que las obras subterráneas son famosas por su complejidad y por los sobrecostos imprevisibles. También coloca en un lugar relevante el costo más bajo, porque eliminar el túnel alivia significativamente las cuentas del proyecto. Además, consideran que la alternativa en superficie permite cumplir con los plazos prometidos.
El precio a pagar, claro está, es resignar parte del espacio urbano en una de las avenidas más emblemáticas de la ciudad y sumar algunos minutos a los viajes.
La pelea por los minutos
Aquí aparece una de las discrepancias más notables entre la Intendencia y el gobierno nacional. Mientras que el Ministerio de Transporte estima que la diferencia podría ser de ocho o nueve minutos adicionales en el recorrido, Bergara baja la cifra a apenas tres minutos y medio en el tramo más exigente.
El intendente apuesta fuerte a sus números y confía en que los usuarios terminarán aceptando esa demora a cambio de un sistema moderno, eficiente y, sobre todo, realizable.
Tres Cruces: El gran dolor de cabeza
Si hay un punto que mantiene en vilo a los técnicos y a los futuros usuarios, ese es el intercambiador de Tres Cruces. Bergara fue claro: ahí estará el mayor desafío de toda la obra. "Podrían ser más de dos años de trabajos en esa zona", reconoció el intendente, anticipando lo que será un dolor de cabeza para el tránsito capitalino. Pero también una solución definitiva para una de las terminales de ómnibus más concurridas del país.