La técnica SUE «es similar a una estrategia psicológica en el que la persona que sabe más sobre las estrategias de la otra tiende a ganar»
En términos más generales, en muchas ocasiones somos engañados porque realmente no queremos saber la verdad o tenemos un sesgo de credibilidad. Imagínate que sospechas que tu pareja te está mintiendo con algo que puede ser una tontería o un hecho que sí reporta gravedad, como por ejemplo a la hora de esconder una infidelidad. Lógicamente, deseas conocer la verdad, pero en ocasiones deseas tanto estar con la persona y que les vaya bien que prefieres no saberlo. En ese caso, a pesar de la sospecha, tenderás a descartar automáticamente cualquier atisbo de mentira en sus palabras y actos.
Una de las peculiaridades a las que solemos atender para detectar la mentira es en las formas, y no tanto en el contenido. Así, en los últimos años han cogido mucho peso las fórmulas para detectar el engaño que dan más importancia a lo que se dice y no cómo se dice. Conocida como la técnica Reid o Entrevista de Análisis de Conducta (BAI), esta consiste en una sesión de preguntas y respuestas que no acusan de nada, tan solo provocan que el sujeto arroje síntomas de verdad o de engaño. En ella, los investigadores formulan primero cuestiones relativas a los antecedentes de la persona entrevistada para conseguir información personal y evaluar el comportamiento verbal y no verbal. Después, pasa a las preguntas que «provocan un comportamiento determinado» con el fin de «obtener respuestas verbales y no verbales diferentes».
Si su velocidad a la hora de hablar es más lenta quiere decir que o bien no se acuerda del todo o se lo está inventando del tirón
Esta técnica solo se aplica cuando hay sospechas fundadas de que el entrevistado está mintiendo, o en el terreno de la criminología, cuando hay muchos indicios de que el sospechoso es culpable.
Recientemente, Julia Hirschberg, experta en lenguaje informático de la Universidad de Columbia, implementa una estrategia similar a la Reid llamada SUE («empleo estratégico de la evidencia», por sus siglas en inglés) en la que se atiende a lo que el sospechoso dice y no tanto cómo lo dice. A diferencia del anterior, tiene un enfoque que no recurre a la intimidación, sino en obtener contradicciones de un relato falso o, al contrario, confirmar la veracidad del mismo. En sus propias palabras: «es similar a un juego o estrategia psicológica en el que la persona que sabe más sobre las estrategias de la otra persona tiende a ganar», tal y como lo explica en un artículo de la revista ‘Discover Magazine’.
En este sentido, sería como jugar una partida de ajedrez contra alguien a quien ya has visto jugar previamente. El entrevistador puede comenzar con preguntas generales hasta ver si el relato coincide con lo que ya se sabe que es cierto sin llegar a revelar lo que se sabe.
Básicamente, que el sospechoso lo confirme por sí mismo. Para ello, se insta a que recuerde todo lo que sabe del hecho por el que se le pregunta o, en el área criminológica, qué estaba haciendo y dónde estaba cuando el delito se cometía.
Más tarde, pasará a realizar preguntas específicas relacionadas con la parte de verdad que el entrevistador ya sabe. Por consiguiente, se le preguntará si ha habido algún error en su declaración o si confirma la versión oficial, tanto suya como la del investigador. Por último, el sospechoso deberá contrastar las dos versiones, entre su visión de los hechos y las pruebas irrefutables que están en manos del entrevistador.