A diferencia del Wi-Fi convencional, los haces de luz pueden dirigirse con precisión hacia zonas específicas, lo que mejora la calidad de la conexión en espacios con alta densidad de usuarios, como oficinas, hogares o espacios públicos.
Un chip con láseres
El sistema se basa en un chip compacto que incorpora una matriz de láseres de emisión superficial de cavidad vertical (VCSEL), una tecnología ya utilizada en centros de datos. En este caso, los investigadores emplearon una matriz de 5 × 5 láseres, de los cuales 21 fueron activados durante las pruebas.
Cada uno de estos láseres es capaz de transmitir entre 13 y 19 Gbps, lo que permite generar múltiples flujos de datos en paralelo. Como resultado, el sistema alcanzó una velocidad agregada de 362,7 Gbps en un enlace de dos metros en espacio libre, posicionándose entre los más rápidos a nivel mundial en su categoría.
Además, la técnica de modulación utilizada divide la información en múltiples canales de frecuencia, optimizando el uso del espectro disponible y adaptándose a variaciones en la señal.
Otro de los aspectos destacados del desarrollo es su eficiencia energética. El sistema consume aproximadamente 1,4 nanojulios por bit, cerca de la mitad de lo que requieren tecnologías Wi-Fi comparables. Esta reducción podría traducirse en un impacto significativo en el consumo eléctrico de redes inalámbricas, especialmente en entornos de alta demanda.
Haces dirigidos y conexiones simultáneas
Uno de los principales desafíos de esta tecnología es la gestión de múltiples haces de luz sin generar interferencias. Para resolverlo, los investigadores diseñaron un sistema óptico capaz de moldear y dirigir cada haz mediante microlentes y una distribución en cuadrícula.
Las pruebas mostraron una uniformidad de iluminación superior al 90 % en el área objetivo, así como la posibilidad de asignar diferentes haces a múltiples usuarios de forma simultánea.
En escenarios multiusuario, el sistema logró mantener cuatro conexiones simultáneas estables, con una velocidad combinada de aproximadamente 22 Gbps. Según los investigadores, el rendimiento podría incrementarse aún más con receptores más avanzados.
¿El fin del Wi-Fi?
Pese a sus capacidades, los desarrolladores aclaran que esta tecnología no busca reemplazar al Wi-Fi, sino complementarlo. Su implementación en entornos interiores permitiría aliviar la saturación de las redes actuales y ofrecer conexiones más rápidas y eficientes.
El avance marca un paso hacia una nueva generación de comunicaciones inalámbricas, en la que la luz podría desempeñar un papel central. De consolidarse, este tipo de sistemas podría transformar la forma en que se conectan hogares, oficinas y espacios públicos, abriendo la puerta a una conectividad más veloz, estable y sostenible.