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La cantante Luana arremetió contra las desigualdades de género en la música tropical uruguaya

“Somos muy pocas las mujeres que estamos cantando o por lo menos con el lugar que se merece”, declaró Luana en Paysandú.

En un momento bisagra de su carrera, la cantante Luana llegó a Paysandú con un nuevo repertorio que marca un giro en su identidad musical y reafirma su posicionamiento frente a las desigualdades de género en la música tropical. Con una propuesta que desafía expectativas y una mirada crítica sobre el lugar de las mujeres, la artista combinó reflexión y apuesta estética en una etapa que ella misma define como transformadora.

Pocas mujeres cantantes

“Somos muy pocas las mujeres que estamos cantando o por lo menos con el lugar que se merece”, aseguró, al tiempo que remarcó que esa desigualdad “hasta el día de hoy se sigue viviendo”. La afirmación no es nueva en el ámbito de la plena, pero cobra especial peso en una voz que lleva años abriéndose camino en un circuito históricamente dominado por varones.

El presente artístico de Luana está marcado por la salida de un material que se distancia de su perfil más reconocible. “En verdad es todo un desafío”, sostuvo, al referirse a canciones que se apartan de lo “completamente plenero, cumbiero” para explorar otros sonidos, incluso “un poco de rock”. Esta apertura, según explicó, no solo implica un riesgo frente a su público habitual, sino también la posibilidad de llegar a “otro tipo de público”.

Lejos de ser un viraje improvisado, la decisión responde a una búsqueda sostenida. La cantante señaló que venía cuestionando cierta lógica repetitiva en los festivales, donde muchas veces “las bandas convocadas cantan los mismos temas”. En ese contexto, decidió apostar por “mi propia música, mi propia letra”, en un trabajo que —subrayó— tiene un valor diferencial: “son todos temas inéditos, no son covers”. Y sintetizó este proceso con una frase que condensa su momento: “Fue un desafío, pero sobre todo fue un gran sueño”.

La artista también se refirió a su participación en La Voz Uruguay, donde asumió un rol distinto al de cantante. Lo describió como “una experiencia divina”, aunque también como “una gran responsabilidad”, especialmente por compartir espacio con referentes como Valeria Lynch y Ruben Rada. En ese marco, destacó su interés por “valorar y encontrar los talentos de nuestro país”, una motivación que conectó con sus propios inicios en festivales y concursos.

Mujeres en la música tropical

Sin embargo, el eje más contundente de su discurso volvió a centrarse en la situación de las mujeres en la música tropical. Luana recordó que desde los 16 años enfrenta escenarios adversos, entrando “en cada lugar y en cada momento incómodo con un poco de respeto básico”. A su entender, muchas oportunidades siguen condicionadas por estructuras en las que “los hombres están controlando más áreas”.

Frente a ese panorama, propuso un cambio de enfoque. “Me gusta la palabra compartir”, afirmó, planteando que la apertura de espacios no solo impacta en trayectorias individuales, sino que puede “generar generaciones o muchas vidas más”. En esa línea, reclamó mayor visibilidad para nuevas artistas, tanto “en redes sociales o inclusive en los line ups de los festivales”, y advirtió sobre la necesidad de renovar una escena que suele reiterar nombres. “En algún momento tiene que aparecer una nueva Luana”, expresó.

El cruce de géneros es otro de los rasgos de esta etapa. La cantante definió este trabajo como su “primera instancia de fusión”, incorporando elementos del pop e incluso del folclore. Desde esa perspectiva, sostuvo que hoy “es muy complicado encontrar una música pura”, en un contexto donde las fronteras sonoras tienden a diluirse. Lejos de verlo como una dificultad, lo entiende como una oportunidad para construir una identidad propia en medio de esas mezclas.

Así, entre la experimentación musical y la reflexión sobre las desigualdades persistentes, Luana configura un presente que trasciende lo estrictamente artístico. Su discurso no solo interpela a la industria, sino que también proyecta una idea de cambio en construcción, donde el acceso, la visibilidad y la diversidad siguen siendo materias pendientes.

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