Ante este escenario, puede concluirse en primer lugar que el núcleo duro de los votantes del Sí –aquellos que están convencidos de su decisión– supera al de votantes del No, 39% a 36%. Al repreguntar a los indefinidos, 7% tiene una leve inclinación a votar el No y 4% a votar el Sí. Estos votantes con leve inclinación permiten prever un empate técnico entre ambas opciones: cada postura registra 43% de intención de voto si se considera tanto los votantes convencidos como aquellos que se inclinan levemente por una opción.
Con este panorama, el voto en blanco puede tornarse decisivo, ya que 2% de votantes que planean hacerlo en blanco podría inclinar la balanza a favor de la opción No. Recordemos que para que la LUC sea derogada, se requiere que la opción Sí obtenga el 50% más uno de los votos válidos, y los votos en blanco cuentan como tales. El 2% plantea que votará anulado, lo cual no influye en el resultado final de la elección ni para un lado ni para el otro.