Otro punto señalado por Roselló es el absentismo en la educación y el trabajo. Aunque en Uruguay no hay cifras específicas, el fenómeno se da a nivel global: personas menstruantes en edad escolar o liceal faltan a clase por no poder gestionar su menstruación de forma adecuada, cuidada y respetuosa.
Algunas cifras
Los productos de gestión menstrual en Uruguay están catalogados como cosméticos, no como artículos de primera necesidad, y, por lo tanto, gravados con un 22% de IVA.
Las mujeres ganan, en promedio, 23% menos que los hombres, de acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo. Esta diferencia aumenta para las mujeres afro, para la población trans, para las inmigrantes y las mujeres en situación de discapacidad.
7,5% de los hogares liderados por mujeres se encuentran en situación de pobreza, según la Encuesta Continua de Hogares 2019. La misma publicación muestra que un 14,4% de las mujeres no tienen ingresos propios (frente a un 6,6% de hombres). La tasa de empleo de las mujeres es de un 49%.
A nivel global el 60% de las personas que viven en situación de pobreza son mujeres y niñas.
Menstruar cuesta, aproximadamente, 3220 pesos al año, según los cálculos hechos en 2017 por Denisse Legrand y Amalia Arias para la diaria. Para muchas personas menstruantes es imposible gastar 300 pesos al mes en productos de gestión menstrual.
Problemas públicos de la esfera privada
Hablar de menstruación suele generar asco y rechazo, sensaciones aprendidas, formadas a nivel cultural. Este silencio lleva a que muchas personas deban vivir con desprecio y en soledad la menstruación, incluso cuando les genera dolor o no tienen elementos de higiene adecuados.
La vergüenza también empuja a que las personas que no pueden conseguir productos de higiene se queden encerradas en lugar de plantear su situación en el centro educativo, o a algún par, porque hablar de esto parece estar mal. Menstruar no es un lujo, es un proceso biológico que no se elige, pero sale caro.
Los países que han podido sobrellevar ese clima de oscurantismo alrededor de la menstruación han logrado generar políticas públicas eficientes que acortan la brecha y permiten a muchas personas menstruantes tener periodos dignos, en condiciones de salud adecuadas. En Nueva Zelanda, por ejemplo, se anunció la entrega gratuita de productos en escuelas y liceos para combatir la pobreza menstrual.